1. Skip to Menu
  2. Skip to Content
  3. Skip to Footer

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Síguenos

FacebookTwitterYoutubeGoogle

Una historia que no debe repetirse

La desgarradora historia que acaba de vivir una familia mexicana en Charlotte debe invitarnos a la reflexión y a seguir aumentando los esfuerzos para que de una vez por todas se ponga fin a las deportaciones sin sentido que separan y destruyen a las familias.

hernando ramirezDesafiando todos los peligros imaginables y la orden del gobierno de Estados Unidos que le prohibía regresar a este país, Arturo Ochoa tomó la desesperada decisión de cruzar la frontera en busca de reencontrarse con su pequeño hijo Joshua Daniel, a quien solo le quedaban unas pocas horas de vida.
Arturo había sido deportado a México el año pasado tras haber sido detenido por una infracción de tránsito y llevado a la cárcel por falta de documentos. Tuvo que dejar sola en Charlotte a su valiente esposa Matilde, quien se hizo cargo de sus hijos de 12 y 11 años de edad, y de Dani, de poco más de un año de edad, quien desde su nacimiento tuvo problemas por una seria deficiencia en su corazón.
Infortunadamente la salud de Dani empeoró con el transcurrir de los meses y en medio de una frustración porque Arturo no podía estar al lado de su familia, apoyándolos económica y moralmente.
Los Ochoa lo intentaron todo. Trataron de seguir los conductos regulares en busca de una visa humanitaria para que Arturo pudiera volver y ayudar mientras esperaban por un donante que le diera un nuevo corazón a Dani. Ninguna de las dos cosas sucedió. A Arturo le negaron la petición y no apareció un donante, y la salud de Dani se deterioró hasta un punto de no retorno.
Arturo no pudo más y emprendió el peligroso regreso a su hogar en Charlotte, pero fue atrapado por la Patrulla Fronteriza. Milagrosamente tuvieron compasión y con el apoyo del Consulado de México, logró llegar al hospital para pasar las últimas cuatro horas de vida que le quedaban a su pequeño Dani, antes de que lo desconectaran de las máquinas de oxígeno.
Este padre lo arriesgó todo para al menos poder abrazar a su pequeño antes de que partiera de este mundo, pero es una dolorosa historia que no tendría que haber ocurrido de esa manera. ¿Cuándo entenderán las autoridades migratorias que deben poner fin a esos indignantes programas de deportación en los que caen tanta gente de bien?

Greensboro
Raleigh
Charlotte