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Trazar "la anatomía del mal" con el asesinato que marcó a Portugal

Lisboa, 22 oct (EFE).- Gisberta, transexual brasileña seropositiva, fue asesinada en Oporto por un grupo de adolescentes que pasaron de alimentarla a golpearla hasta la muerte. El crimen, que marcó a Portugal, regresa en una dura novela que busca entender el "cómo", y que ha merecido el prestigioso Premio Saramago.

El paso de la ternura a la violencia guía "Pão de Açúcar", definida como "una completa ficción" por su autor, Afonso Reis Cabral, que cuenta en entrevista con Efe que ha querido a través de este relato acercarse a conocer "al otro" y trazar una "anatomía del mal".

"Esta anatomía, que es para mí lo que el libro es, una anatomía tal vez del mal, estaba implícita en la historia, pero solo podía realizarse con la literatura", sostiene Reis Cabral (Lisboa, 1990), vencedor con este esfuerzo de la última edición del Premio José Saramago.

Conocedor de las mieles del éxito -se convirtió en 2014 en el ganador más joven del Premio LeYa por su novela "O meu irmão" (Mi hermano)- Reis Cabral se sumerge en una historia que pretendía evitar elementos biográficos con el desafío de abordar un caso traumático para Portugal.

Gisberta emigró de São Paulo a Portugal huyendo de una ola de asesinatos de transexuales. Su difícil vida, que incluyó aplaudidas actuaciones en bares, prostitución y sida, acabó en febrero de 2006 en un edificio abandonado de Oporto, el "Pão de Açúcar", donde la Policía halló su cuerpo tras ser avisada por unos menores.

Eran los mismos adolescentes que semanas atrás la encontraron en penosas condiciones en una chabola construida en el edificio, que primero la alimentaron -"dándole arroz", según consta en la documentación del caso y Reis Cabral refleja en su novela-, pero después la sometieron a palizas y torturas.

Fueron catorce menores de entre 14 y 16 años los que durante días, a la salida del colegio, se organizaban para golpear hasta la muerte a Gisberta, de 45 años, le bajaban los pantalones y se burlaban de ella.

Cuando la creyeron muerta, la arrojaron a un pozo, pero estaba viva y se ahogó, reveló la autopsia. Los chavales, que procedían de centros de acogida, fueron condenados a penas de cerca de un año de internamiento por este caso, que conmocionó a la opinión pública e impulsó la lucha LGTBI.

"Yo tenía 16 años en aquel momento, vivía en Oporto, y es evidente que, como a cualquier persona, me impresionó mucho", recuerda Reis Cabral.

En 2016, al cumplirse una década, el crimen resurgió en crónicas periodísticas y sintió el impulso de escribir para explicar el "vacío" que vio "entre el momento en que tres chicos encuentran a Gisberta y empiezan a ayudarla hasta el momento opuesto en que los mismos chicos y otros la matan".

En primera persona, asumiendo la voz de uno de los agresores, el autor repasa aquellos días, que interpreta como "un via crucis", pero también lo que llevó a ello, episodios de la vida de los chicos y de Gisberta que moldearon su comportamiento.

Se sumergió en una investigación que incluyó el proceso judicial, entrevistas con amigas de Gisberta, lectura de tesis doctorales sobre marginalidad juvenil e incluso llegó a forzar la entrada del Pão de Açúcar, "que hoy en día está igual". Solo rechazó buscar a los chicos, hoy hombres anónimos.

"Opté por no hacerlo porque como quería que fuese realmente ficción, si entrevistaba a los chicos el margen para la ficción comenzaba a disminuir", explica.

El conocimiento del caso le sirvió para establecer "fronteras" necesarias de verosimilitud: debía transcurrir en Oporto, respetar las condiciones de aquel día -llueve cuando Gisberta es arrojada al pozo- y está el arroz blanco que le cocinaron cuando aún eran amigos. También, inevitablemente, el fatal desenlace.

"Yo aprendí una cosa con Hitchcock que es muy interesante desde el punto de vista de la narrativa, y es que el suspenso se hace sabiéndose el final", cuenta.

Lejos de limitar la imaginación, incentiva la "curiosidad" de ver cómo se desemboca en la espiral de violencia, que trató de potenciar encajándola entre escenas más amables.

"La violencia es aún más violenta cuando está al lado de la belleza", asegura. Por eso uno de los chicos hace un regalo a Gisberta entre paliza y paliza, un intento de Reis Cabral de que "la violencia fuese más fuerte por estar al pie de cosas bonitas".

Reacio a ejercer de juez, el autor remarca que no hay "un mensaje" en esta historia, que tiene como objetivo realizar una búsqueda para "descubrir al otro", lo que supone "un gran aliciente para quien escribe".

¿Y qué descubre quien traza la anatomía del mal? "Que el mal está en todas partes, pero el bien también lo esta", afirma.

Cynthia de Benito

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