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Opinión

¿Es usted una persona controladora?

Se dice que una persona tiene una personalidad controladora cuando impone a las personas que la rodean el comportamiento que deben adoptar. Las personas controladoras quieren que las situaciones y conductas de los demás se adecuen a lo que ellas creen correcto. Creen que la forma en la que ellas hacen las cosas es la mejor. Y no toleran que se hagan o resuelvan de otro modo. Eso las lleva a querer controlar y supervisar todo. 

La persona controladora quiere controlar todas las situaciones en las que se encuentra. Todo está planificado, calculado y organizado según lo que ella ha decidido con un extremado rigor. Y, por supuesto, está convencida de que su forma de resolver las cosas es la mejor. Por eso le cuesta mucho tolerar las diferencias y aceptar que cada quien tiene su modo de hacer las cosas. Busca imponer su forma, pues no acepta otras alternativas.

Este tipo de personas suelen pensar que su intervención es necesaria para todo. Creen que deben vigilar y supervisar hasta los mínimos detalles de todo. 

Suelen sentir que son superiores, más inteligentes y más eficaces. De ahí su necesidad de supervisar todo. Suponen que deben tomar el mando porque los demás no saben gestionar correctamente. En general, descalifican a los demás. Creen que si no fuera por ellas todo sería un desastre. 

Cómo saber si es una persona controladora
Las personas controladoras:

  • Quieren que todo gire a su alrededor.
  • Pretenden que las cosas pasen como ellas quieren.
  • Quieren tener siempre la razón.
  • Necesitan saber lo que está pasando en todo momento.
  • Quieren controlar cómo viven los demás.
  • Se pasan la vida planeando lo que van a hacer o cómo van a suceder las cosas. 
  • Creen que su manera de hacer las cosas es la mejor, o la única válida. 
  • No aceptan que alguien pueda hacer las cosas de otra forma. 
  • Les cuesta mucho delegar.
  • Son perfeccionistas y detallistas.
  • No toleran equivocarse.
  • No soportan no saber lo que va a pasar o cómo va a ser tu futuro.
  • Se muestran siempre impecables. No les gusta dar una imagen desarreglada o desprolija de sí mismas. 
  • Les gusta tenerlo todo planificado y calculado.
  • Quieren controlar sus pensamientos y sus sentimientos. 
  • Se hacen cargo de todo porque piensan que los demás son inútiles que no sirven para nada. 
  • Pierden la paciencia con facilidad. 
  • Creen que los demás son torpes, o lentos, o imperfectos en cualquier sentido. 
  • Prefieren hacer las cosas ellas mismas a soportar la forma en que las hace el otro.
  • Se quejan por todo lo que hacen, se sienten sobrecargadas, dicen que nadie las ayuda, pero no toleran delegar.

Vivir con una persona controladora
Vivir con un controlador se puede convertir en un infierno. Las personas controladoras dañan psicológicamente a las personas que tienen alrededor. Ya sea en el trabajo, en la vida familiar o social, la persona controladora causa efectos tóxicos en los demás.  

1. Critican todo: La persona controladora critica constantemente a los demás, incluso en los pequeños detalles. Esta conducta, suele dañar la seguridad y  la autoestima del otro. Desprecia el modo de actuar del otro porque piensa que ella misma hace todo mejor. “Deja que lo haga yo, no sabes hacerlo” hasta, “no eres una persona inteligente”, las críticas pueden llegar a hacer una mella psicológica muy grave en la persona controlada.
2. Desvalorizan los éxitos del otro: Siempre piensa que ella lo hubiera hecho mejor. No importa cuál sea el logro del otro, para el controlador nunca es suficiente. 
3. Se victimizan y generan culpa: Suelen protestar por tener que ocuparse de todo. Hace que los demás se sientan culpables de algo que la persona controladora decide: hacer todo.
4. Se quejan del agotamiento: La persona controladora se suele sentir agotada. Le echa la culpa de su cansancio a los demás. Da por sentado que si ella no se ocupara de todo nadie lo haría y la vida sería un caos. Con lo cual, casi no le queda tiempo para descansar.
5. Descalifica a los demás: Supone que todos son inútiles, tontos o vagos. Encuentra errores y fallas en todo lo que hacen los demás. Solo ella es un modelo de perfección. 
6. Anula a los demás: Debido a sus críticas despiadadas y a su afán de estar en todo, poco a poco va anulando la iniciativa y la creatividad de los demás. 
 

¿Y si mejoramos nuestra autoestima?

Mejorar nuestra autoestima es posible. Y no sólo es posible sino que es muy recomendable. Una autoestima adecuada permite vivir la vida con mayor potencia y alegría. 

La autoestima es el conjunto de percepciones, imágenes, pensamientos, juicios que tenemos sobre nosotros mismos. 

Se trata ni más ni menos de la valoración que tenemos de nosotros mismos. De este modo, una buena autoestima implica que tenemos una buena imagen de nosotros mismos, implica que nos valoramos. Por el contrario, una baja autoestima implica que no confiamos en nosotros mismos, implica que nos descalificamos y no valoramos lo que hacemos ni cómo somos.
 
Algunas características importantes de la Autoestima:

  1. No es innata. Es decir, no tenemos una cantidad de autoestima al nacer. No es un dato genético. No venimos con una x cantidad de autoestima. La tenemos que ir construyendo. La persona no nace con un concepto de lo que ella es. Esa valoración se va formando y desarrollando progresivamente en la medida en que se relaciona con el ambiente.
  2. Se desarrolla a lo largo de la vida. Son las experiencias que vivimos las que van construyendo nuestra autoestima.  Se forma en la infancia y está vinculada al modo en el que somos tratados y valorados por los adultos que nos rodean, especialmente los padres y las figuras cercanas. 
  3. Podemos modificarla. Y esto es una gran noticia. No estamos condenados a tener una baja autoestima. Es posible cambiar nuestra valoración de nosotros mismos. 

La persona con baja autoestima:

  • Se siente insegura, que desconfía de las propias capacidades.
  • No quiere tomar decisiones por miedo a equivocarse. 
  • Necesita de la aprobación de los demás para todo. 
  • Tiene una imagen distorsionada de sí mismo, tanto a lo que se refiere a rasgos físicos como a su carácter.
  • Le cuesta hacer amigos nuevos
  • Tiene un miedo excesivo al rechazo, a ser juzgado mal y a ser abandonado. 
  • Tiene miedo a decir lo que piensa o siente.
  • La persona con adecuada autoestima: 
  • No necesita de la aprobación de los demás.
  • No se cree ni mejor ni peor que nadie.
  • Muestra sus sentimientos y emociones con libertad.
  • Afronta los desafíos con optimismo.
  • Confía en sus capacidades.
  • Se comunica con facilidad.
  • Aprende de los fracasos.
  • Persevera en sus metas.

TEST 
¿Qué síntomas me pueden mostrar que tengo la autoestima baja?

  • No tengo seguridad en mí mismo
  • No expreso mis opiniones por miedo a ser rechazado  
  • Pienso que mis opiniones no tienen el mismo valor que las opiniones de los demás
  • No me siento merecedor de las cosas buenas de la vida
  • No me esfuerzo por conseguir lo que quiero ya que de antemano creo que no lo voy a lograr
  • Necesito la aprobación de los demás con mucha frecuencia
  • Veo al resto de personas como superiores a mí y me gustaría ser como ellos
  • Casi nunca estoy conforme conmigo
  • Me cuesta mucho tomar decisiones
  • No veo  mis fortalezas y virtudes
  • Me cuesta mucho tomar la iniciativa
  • Me siento culpable
  • Me siento poco atractivo
  • Siento que no tengo nada que aportar
  • No me gusta mi cuerpo ni cómo me queda la ropa. 
  • No me creo capaz de hacer las cosas bien.

Si marca sí a varias de estas afirmaciones, estaría indicando que su autoestima es baja. Es momento de trabajar para elevar su autoestima. 

Una buena autoestima nos da…

  1. Aceptación de uno mismo y de los demás.
  2. Menos estrés.
  3. Una visión más optimista de la vida.
  4. Más independencia.
  5. Un mayor equilibrio emocional.
  6. Más autoconfianza.
  7. Más humor y creatividad.
  8. Menos miedos.

Para mejorar la autoestima…

  1. Pensar en positivo: Cambiar los pensamientos. Cambiar el ”no puedo” por “voy a intentarlo”
  2. Ponerse metas realistas: Metas que pueda cumplir. Metas a las cuales sea relativamente fácil llegar. Eso ayudará a ganar confianza en uno mismo.
  3. Dejar de compararse con los demás: Focalícese en usted mismo. En sus potencias. Ponga energía en sus proyectos.
  4. Dedicarse tiempo: Ocúpese de sus necesidades. Y encuentre tiempo para su arreglo personal.

¿Qué es el bloqueo mental?

Se llama bloqueo a la incapacidad transitoria de un individuo para reaccionar ante una situación determinada. El bloqueo mental es la interrupción de un proceso mental. Esta interrupción impide la respuesta adecuada ante alguna situación. La persona que sufre un bloqueo se queda paralizada, imposibilitando así la capacidad para actuar o realizar una actividad concreta.

Así, hablamos de bloqueo mental cuando  nos quedamos en blanco, no somos capaces de pensar y expresarnos con claridad, nos sentimos estancados, sin poder articular una palabra ni un pensamiento coherente.

“Me quedé bloqueado, en blanco, no supe qué decir. Me hubiera gustado decirle lo que pensaba en ese momento, pero me bloqueé. No se me ocurrió nada.” Suelen decir las personas que sufren un bloqueo mental. Y muchas veces, las palabras que hubiera querido decir aparecen horas o días más tarde. 

El bloqueo mental genera frustración, ansiedad, culpa y vergüenza por la situación de imposibilidad en el que queda la persona. La persona se siente impotente por no haber podido reaccionar como hubiera querido. 

Se trata de una sensación muy incómoda en la cual no se logra coordinar las ideas. Uno se siente atrapado. En blanco. Bloqueado.  Sin poder reaccionar, contestar o pensar. Los procesos cognitivos se interrumpen y uno queda estancado. Puede ocurrir en cualquier contexto y en cualquier momento, ya sea en el trabajo, en un examen o en una discusión de pareja.

El bloqueo mental se manifiesta de diferentes maneras:

  • Sensación de no poder pensar con claridad. 
  • Capacidad para organizar los pensamientos, disminuida. 
  • Dificultad solucionar problemas que en otras circunstancias habrían sido sencillos.
  • Se experimenta una sensación de inmovilidad.
  • Mente en blanco.
  • Sensación de vulnerabilidad.

Consecuencias del bloqueo mental:

  • Estados de ansiedad: saber que puede sufrir un bloqueo mental puede provocar estados de ansiedad y síntomas como palpitaciones, sudores, nauseas, mareos, agitación respiratoria. 
  • Conductas de evitación: Las personas que padecen bloqueos mentales intentarán escapar de situaciones en las sientan les puede pasar
  • Procastinación: tratarán de aplazar la tarea que los atemoriza para evitar bloquearse.
  • Pensamientos negativos.
  • Sentimiento de inferioridad. 
  • Baja autoestima, juicios negativos sobre sí mismos.

Posibles causas del bloqueo mental
1. Baja autoestima: La inseguridad y la baja autoestima pueden causar un bloqueo mental. La persona se siente expuesta pues no confía en sí misma, por lo tanto está más propensa a sufrir bloqueos mentales. 
2. Timidez: Un grado extremo de timidez puede causar también un bloqueo mental. 
3. Frustración: Elevados niveles de frustración no permitirán a la persona seguir una línea de pensamiento, produciéndose el bloqueo. Especialmente si la persona no tiene recursos internos que le permitan sobreponerse a los fracasos.
4. Estrés: El agotamiento mental, las presiones, el estrés extremo suelen causar un estado de bloqueo mental. La mente ya no puede procesar los estímulos y se bloquea.
5. Elevados niveles de exigencia: La exigencia propia o de los demás puede convertirse en un enemigo cuando supera los niveles soportables. Esta exigencia puede ser intrínseca de la persona y provenir del entorno, bien sea social, laboral o académico. El temor a no cumplir las expectativas puede causar un boqueo mental. Es muy importante saber cuánto y cuándo exigirle a cada persona, para no causar el efecto contrario del que se busca. Es muy importante tener en cuenta esto con los niños, ya que si les exigimos  cosas que superen sus posibilidades les podemos estar generando un bloqueo mental y una baja autoestima para el futuro.
6. Situaciones traumáticas: Las personas que padecen bloqueo mental, pueden sufrido situaciones traumáticas como abandono, maltrato físico o psicológico en el hogar o en la escuela. Así, las situaciones traumáticas pueden desencadenar estados de bloqueo mental. 

¿Cómo superar el bloqueo mental?
 Es importante saber que en determinadas circunstancias cualquiera puede tener un bloqueo mental. Las situaciones de estrés, de examen, de exigencia, de miedo, pueden generar un bloqueo mental.

Entonces lo principal es no culpabilizarse por lo sucedido. 

Si uno no comprende que es algo que puede pasarle a cualquiera, generará más culpa, tristeza, frustración y ansiedad, complicando más aún la situación. 

Lo que más importante es distraer la mente y permitir que el flujo mental  vuelva a funcionar. Cuanto más nos tensemos, peor será el bloqueo. Así que la recomendación es relajarse.

Algunas ideas son: 

  1. Relajarse a través de ejercicios de respiración.
  2. Pensar en otra cosa.
  3. Moverse.  
  4. Distraerse con otras actividades como leer o escuchar música
  5. Decirle al otro: ahora no puedo, te contesto más tarde. 
  6. Aprender a controlar las emociones.

La ira y sus efectos en la vida

La ira es una emoción básica universal. Por lo tanto, todos podemos sentir ira de vez en cuando. Algunos la definen como una reacción de irritación, furia o cólera desencadenada por la indignación o por algo que se vive como un ataque o como una injusticia.

Enfadarse es normal. Sin embargo, cuando la ira es demasiado frecuente o desproporcionada, aparecen los problemas. Por eso, es muy importante aprender a controlar la ira y saber cómo expresarla. La ira fuera de control puede ser altamente destructiva para uno mismo y para los demás. 

Existen dos grandes formas de expresión de la ira. 

  1. La expresión externa de la ira: el enojo sale hacia afuera. La expresión del enfado permite a los demás saber que estamos muy enojados a través de nuestros gestos, expresiones faciales u tono de voz.  La expresión externa de la ira de forma inadecuada puede dar lugar a problemas interpersonales. Es un modo de descargar la ira.
  2. La expresión interna de la ira: Nadie se entera de nuestro enojo.  No se expresa. Incluye sensaciones de tensión y los pensamientos de venganza que albergamos. La ira interna se acompaña de emociones negativas como frustración, tristeza, mal humor constante. 

La ira en el cuerpo
Es ira es también una respuesta que tiene nuestro cuerpo ante cualquier amenaza. Así, ante algo que causa un gran enojo, se dispara un comportamiento corporal que prepara para  luchar y defenderse. 

De este modo, cuando aparece la ira el cuerpo responde: el ritmo cardiaco aumenta, la respiración se acelera, nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se aumenta. Así el cuerpo se prepara para actuar ante una amenaza percibida.

El problema es que esta respuesta suele ser desproporcionada. De este modo, percibimos como amenazas cosas que no lo son. Lo que aparece como amenaza se ve distorsionado por nuestra percepción y por nuestro estado psíquico. Así, si estamos bajo estrés o muy cansados, o alterados por cualquier cosa podemos enfadarnos desmesuradamente por pequeñeces.  

¿Cómo mostramos la ira corporalmente?
Expresión facial:
• Se contraen y bajan las cejas para producir un ceño fruncido.
• Se forman arrugas sobre el puente de la nariz.
• Los ojos se achican y miran fijo.
• Los labios se aprietan mucho uno contra otro. 
• Se aprietan los dientes. La mandíbula está tensa y en posición de morder.

La expresión facial se acompaña con otros movimientos corporales como:
• Cerrar las manos en forma de puños.
• Tensión general en brazos y hombros.
• Sacudir la cabeza y adoptar posturas agresivas.

Voz:
• Elevar el tono.
• Gritos, insultos. 

¿Qué sentimientos hay detrás de la ira?
• Dolor. Cualquier tipo de sufrimiento puede llevar a un estallido de ira. 
• Miedo al abandono. Miedo al rechazo
• Tristeza. 
• Impaciencia. Especialmente si uno está bajo estrés. 
• Miedo a perder lo que tenemos. Miedo no lograr lo que queremos.
• Inseguridad. 
• Decepción, porque las cosas no salen como soñamos.  
• Incomunicación. No saber expresar nuestras emociones o expresarlas de manera no asertiva lleva al aislamiento emocional.
• Frustración. Se descargan a través de la ira estados de frustración personales. 

Ira, agresividad y violencia
El gran peligro de la ira es que lleva a situaciones irreversibles. Las consecuencias de un estallido de ira muchas veces no se pueden revertir. Y el arrepentimiento suele llegar tarde, pues los daños generados no tienen marcha atrás.

La descarga de agresividad y la violencia fuera de control son los dos grandes riesgos de esta emoción. La violencia descontrolada puede llevar a romper cosas, a hacerles daño a los demás o a uno mismo. En un estallido de ira la persona se enceguece, “ve rojo”, y pierde el dominio de sus actos y de sus impulsos. 

Por eso es tan necesario aprender a manejar esta emoción.  Lo mejor es prevenir y educar desde la infancia. Se recomienda enseñar a los niños el manejo la ira: que aprendan a expresarla sin descontrolar y sin llegar a situaciones de violencia. 

Enojarse no es malo, dicen los especialistas.  Lo malo y peligroso es la forma en que lo manifestamos.

Controlar la ira
• Detectar las primeras señales de ira. Esto es fundamental para tomar el control sobre los sentimientos que se desencadenan a partir del enojo.
• Tranquilizarse para poder pensar. Enfriar el momento. Hacer una pausa.
• Respirar profundamente 
• Restar importancia a lo que ha sucedido. 
• No pensar en lo mismo toda la semana.
• Darse tiempo. Dejar que pase el efecto explosivo. Aprender a no descargar instantáneamente la ira. Pausar. 
• Aprender a manejar la ira no significa reprimirla. Se trata de aprender a gestionar las manifestaciones agresivas que causa. Es poder expresar el enojo de manera controlada, a través de una buena comunicación. 
 

Stalkear en redes sociales: una obsesión que crece

El término Stalker viene de la palabra inglesa stalking. Es una forma de acoso que consiste en perseguir a otra persona para establecer un contacto con ella. 

Pero este concepto ha cambiado su significado. En un comienzo, como dijimos,  se lo utilizaba para nombrar al acosador que persigue a su víctima a todas partes. En la actualidad se utiliza para darle nombre a una actividad que se realiza en las redes sociales: espiar.

Espiar la vida y las acciones de los demás es una conducta típica de los tiempos actuales. Las redes sociales nos permiten acceder a mucha información acerca de otras personas. Podemos espiar su vida, saber qué hace, en qué anda, que le gusta, cuál es su pensamiento político, sus tendencias  y estar al tanto de lo que publica.

Stalkear es revisar contantemente las actividades, los comentarios y actualizaciones de una persona. Es una actividad que muchos realizan diariamente en las redes sociales.

Dicen que las  redes sociales se sostienen en dos tendencias humanas: mostrarse y espiar, en palabras técnicas: la exhibición y el voyeurismo. El deseo de mostrarse y el deseo de mirar.  En la conjugación de estas tendencias vemos aparecer la figura del Stalker, aquel que dedica su tiempo a espiar lo que el otro sube y hace en las redes sociales. 

El stalker encuentra en las redes un lugar ideal para desarrollar su tendencia: espiar. Es allí donde los stalkers se mueven, ya que les resulta fácil acceder a información las personas que despiertan su interés.

Los stalkers suelen vigilar a la persona que les interesa de manera permanente. Están atentos a lo que publica. La espían. Consultan constantemente si la persona ha hecho alguna actualización. Se fijan si está on line. Están pendientes del último horario en el que ha estado conectada. Dedican gran parte de su tiempo a supervisar las actividades del otro, cuántos likes pone, a quién, qué sube, a quién sigue, cuántos seguidores tiene, quienes son, todo esto y mucho más, es motivo de interés para el stalker. 

Cuando espiar se convierte en obsesión
Stalkear se puede convertir en una obsesión peligrosa y dañina.

Lo que en un principio puede ser una inocente curiosidad o un entretenimiento sin consecuencias, puede devenir una obsesión que no podemos manejar.  

Es importante detectar si estamos pasando demasiado tiempo espiando la vida de otra persona. Si es así, es momento de tomar recaudos. Es necesario empezar a controlar estos impulsos de espionaje y no dejar que ellos nos controlen a nosotros. 

¿Qué tipos de Stalkers hay?
1. El resentido amoroso que busca datos de su ex. 
2. El que ha sido rechazado y busca vengarse o entender el porqué del rechazo.
3. El que pretende establecer alguna intimidad con la persona. 
4. El metiche. 
5. La pareja celosa que espía a su novia/novio.  
6. El admirador compulsivo que quiere saber el minuto a minuto de su admirado. 
7. El tímido.  
8. El que no puede dominar su curiosidad por la vida de los demás. 
9. El depredador. Son los más peligrosos. Espía a su víctima para buscar el momento adecuado y atacarle, sobre todo a nivel sexual.
10. Los que stalkean para otros fines, como generar perfiles falsos para obtener información o provocar reacciones como la desacreditación, robo de identidad o incluso secuestros. 

Básicamente hay algunos que son inofensivos y otros que pueden generar un gran daño.

¿Cómo protegerse? 
• No postear ubicaciones específicas y menos de manera automática 
• No publicar datos puntuales como tarjetas de crédito, teléfonos, domicilio, etcétera 
• Pensar si las imágenes que publicarás contienen elementos que puedan volverte un blanco 
• No aceptar a desconocidos como amigos en Facebook 
• Verificar lo que otras personas publican de ti 
• Chequear los niveles de seguridad de tus publicaciones
• Recordar que en la red toda barrera puede ser superada: piensa bien que subirás a la red .

Parejas Stalkers
Una pareja stalker es aquella que desea controlar. Puede ser hombre o mujer.  La personalidad celosa y controladora no es exclusiva de un género.

Diferentes especialistas destacan el aumento de las peleas de parejas a causa de comentarios y estados en las redes sociales. Un nuevo campo de conflictos, inseguridades, celos y espionajes se abre en los problemas de parejas: las redes sociales y las apps de citas. 

Muchas parejas  necesitan espiar y controlar el contenido de los mensajes o las publicaciones en redes del otro. Se convierten en Stalker de sus parejas. Necesitan saber qué hacen en las redes, con quién hablan, qué publican. No respetan la intimidad del otro y buscan modos de espiar lo que hace.

Se dice que más del 60% de los casos de parejas stalker terminan con situaciones de violencia.

¿Cómo confiar en un mundo en el que los contactos pueden ser innumerables? ¿Cómo mantener la confianza y el respeto en medio de la oferta que ofrecen las apps de citas?

Un nuevo desafío se vislumbra. Las parejas actuales tienen que establecer pactos y normas de convivencia virtual con las que se sientan cómodas y seguras.  
 

¿Qué es la depresión posparto?

La depresión posparto es un trastorno que afecta a muchas mujeres después del nacimiento del bebé. 

Posparto significa después del parto. Muchas mujeres tienen tristeza posparto. Pero la tristeza posparto desaparece en 3 a 5 días. Si la tristeza posparto no desaparece y dura más de 2 semanas, es posible que sea depresión posparto.

Es importante distinguir entre la depresión posparto, y el estrés y el cansancio comunes que ocurren luego del parto. Según los expertos entre el 40 y el 80 por ciento de las mamás experimentan  tristeza después del parto o baby blues. El baby blues es una reacción emocional bastante habitual que incluye ganas de llorar, desdicha, preocupación, inseguridad y fatiga. 

La mayoría de las madres primerizas sienten melancolía posparto después del nacimiento del bebé, que generalmente incluye cambios en el estado de ánimo, episodios de llanto, ansiedad y dificultad para dormir. La melancolía posparto generalmente empieza dentro de los primeros dos o tres días después del parto, y puede durar hasta dos semanas.

Pero si la tristeza o desesperación se extienden en el tiempo, son extremas e impiden hacer las actividades normales, podrías tratarse de una depresión posparto. 

La depresión posparto, a diferencia del baby blues, suele necesitar tratamiento profesional. 

Se cree que alrededor del 10 por ciento de las nuevas mamás desarrollan depresión posparto. Lamentablemente no todas buscan tratamiento y padecen este trastorno en soledad y sin ayuda. 

Es importante hablar  con el médico para que  haga una evaluación.

La depresión posparto no es un defecto ni significa que seas mala madre o mala persona. Es un trastorno que debe ser tratado. 

Muchas mujeres no le cuentan a nadie sobre sus síntomas porque se sienten avergonzadas o culpables por estar deprimidas. Hay que recalcar que cualquier mujer puede deprimirse durante el embarazo o después de tener a su bebé. Eso no significa que sea una mala madre. 

Si estás atravesando una depresión posparto es fundamental no culpabilizarse.  Hay que aceptar lo que ocurre y pedir ayuda profesional. 

La depresión posparto no tiene una sola causa, sino que es consecuencia de una combinación de factores físicos y emocionales

Después del parto los niveles de hormonas bajan rápidamente. Esto genera alteraciones químicas en el cerebro que pueden provocar cambios en el estado de ánimo. Además, la falta de sueño y el estrés puede contribuir a los síntomas de la depresión posparto. 

Es necesario consultar a un profesional para haga el diagnóstico y determine las casusas. 

Diferencia entre la tristeza posparto o “baby blues” y la depresión posparto 
La tristeza posparto o “baby blues”: son los sentimientos de preocupación, tristeza y fatiga que la mayoría de las mujeres experimentan después de tener un bebé. Se dice que la tristeza posparto afecta a un 80 por ciento de las madres. Estos sentimientos duran una o dos semanas y desaparecen por sí solos.

La depresión posparto: son los sentimientos de tristeza y ansiedad extremos que pueden aparecer luego del parto. Esta depresión puede afectar la capacidad de una mujer de cuidarse a sí misma y a su bebé. 

Se dice que la depresión posparto  ocurre en casi el 15 por ciento de los partos. Puede comenzar un poco antes o en cualquier momento después de que nazca el bebé. En general comienza entre una semana y un mes después del parto.

La mujer que padece depresión posparto necesita ayuda familiar y profesional. Es necesario consultar a un especialista para que realice un diagnóstico acertado e indique el tratamiento adecuado. 

Algunos síntomas de la depresión posparto

  • Sentimientos de tristeza, desesperanzada, vacío
  • Problemas para crear un vínculo emocional con el bebé
  • Dudar constantemente de su capacidad de cuidar al bebé
  • No tener ningún interés en el bebé, no sentirse conectada con él o sentir como si el bebé no fuera suyo
  • Pensar en hacerse daño a sí misma o a su bebé.
  • Llorar frecuentemente sin motivo aparente
  • Estado de preocupación constante 
  • Malhumor e irritabilidad permanente
  • Trastornos del sueño como insomnio o sueño excesivo
  • Dificultades para concentrarse, recordar detalles y tomar decisiones
  • Sentimientos de enojo y furia
  • Falta de interés en las actividades que le resultaban agradables. Desgano.
  • Trastorno de la alimentación
  • Aislamiento

Solo un profesional médico puede diagnosticar la depresión posparto. Una mujer que padece de estos síntomas debe consultar con un profesional para que le indique el tratamiento adecuado. 
 

¿Qué es el abuso emocional?

El abuso emocional es el maltrato psicológico de una persona hacia otra. Este tipo de abuso se efectúa a través de actitudes, acciones y palabras, como las humillaciones, los insultos, los gestos de desaprobación, el aislamiento, la descalificación personal, y distintas formas de dependencias. 

Muchas veces pasa desapercibido y ni siquiera la víctima se da cuenta de que está sufriendo esta forma de maltrato.

El abuso emocional se puede dar en cualquier relación, pero se suele dar en las parejas.  En ese caso uno de los miembros de la pareja intenta anular a la otra a través de la descalificación y la manipulación emocional.

Las huellas y marcas que deja este tipo de abuso no son visibles como las del abuso físico que suele dejar marcas en el cuerpo. No son visibles, pero no por eso son menos dañinas. Son marcas psicológicas y emocionales que van derribando la seguridad, la autonomía y la confianza de la persona. 

En el maltrato emocional las ideas, los sentimientos, la personalidad y las percepciones de la víctima son  despreciados constantemente. De esta manera se empieza a socavar la personalidad y la confianza de la víctima del abuso. 

Consecuencias del abuso emocional
Como consecuencia del abuso emocional la persona pierde su autoestima. Duda de su criterio. Se siente confundida. Duda de sí misma. No sabe bien qué piensa ni qué quiere. Tiene miedo de tomar decisiones. Pierde autonomía. Depende de su abusador. Pierde autonomía. La dependencia hacia el abusador empieza a ser lo único que le queda.

Algunas víctimas de abuso emocional tienen la sensación de que están desapareciendo, como si se desvanecieran poco a poco y empezaran a dejar de existir. La depresión y la baja autoestima son frecuentes en las víctimas.

Muchas personas no son conscientes de que son víctimas de abuso emocional. Tienden a pensar que lo que les sucede es debido a sus propios errores. Se vuelven inseguras y temerosas. Se aíslan. Pierden a sus amigos y a sus familiares. El maltratador busca que la persona vaya rompiendo con sus lazos emocionales para poder manipularla con mayor facilidad. 

Es importante conocer esta forma de abuso para ponerse a salvo o para ayudar a quién está siendo abusado emocionalmente.

Abuso emocional abierto
Es  evidente y fácil de distinguir. Las conductas típicas de este abuso son: Gritar, insultar, despreciar, rebajar, criticar, ridiculizar a la víctima ante los demás, expresar asco hacia ella. Dar golpes a las paredes, portazos, romper cosas. Ignorar a la pareja o amenazarla con romper la relación. Impedir que vea a sus familiares y amigos.

Celos y posesividad excesivos. Controlar lo que hace y con quién está. Restringir recursos: impedirle hacer llamadas telefónicas, impedirle el acceso al dinero familiar, tarjetas de crédito, etc. Interferir en las oportunidades de trabajo, educación, cuidados médicos. 

El  Abuso emocional encubierto
Es sutil y poco visible. El abusador desprecia y ridiculiza las acciones, pensamientos y emociones de la víctima mediante pequeños gestos, miradas, retos, etc.  Es muy difícil de detectar. Ocurre de manera oculta, disimulada. Ocurre en la intimidad, lejos de la vista de los demás. 

El abusador menosprecia constantemente a su víctima. La descalifica sutilmente. La hace sentir inútil y sin valor. 

La víctima empieza a dudar de sus ideas, de sus gustos, y hasta de sus emociones y sentimientos.  Esto va destruyendo  su identidad personal. Pierde sus ideas, sus opiniones, no sabe decidir por sí misma, y depende cada vez más del otro para vivir. Es un proceso lento y gradual que ocurre sin que nadie lo note. 

Aparece una sensación de vacío interior, de soledad y tristeza. Pero puede no darse cuenta de lo que le está pasando. Al ocurrir de manera sutil y fuera de la vista de los demás se vuelve indetectable para los demás y para la víctima. La gente puede notar que la persona está distinta, como ausente, o desconcentrada, pero no saben lo que está pasando en realidad. 

Con su autoestima disminuida y aislada de otras personas, la víctima se apega al maltratador. Necesita que le confirme que es alguien valiosa y digna de amor y respeto. Esos momentos de cariño con el abusador aparecen de vez en cuando, dándole esperanzas de que a partir de ahora todo va a cambiar y que todo irá bien, pero eso nunca sucede. 

Según los especialistas hay abuso emocional si tu pareja, con frecuencia:

  • Te ridiculiza frente a los demás,
  • Te critica o se burla constantemente de ti,
  • Te insulta,
  • Te manipula con mentiras, amenazas, frases sin terminar y/o a través del silencio,
  • No reconoce tus cualidades,
  • Usa expresiones faciales o corporales para asustarte,
  • No te permite hacer lo que deseas, cuando lo deseas,
  • Se opone a que veas a tu familia o amigos,
  • Utiliza las demostraciones de afecto para premiarte o castigarte.
     

Atención: su hijo puede estar sufriendo bullying

El acoso escolar, también llamado bullying, es un modo de maltrato. Consiste en el continuo y deliberado maltrato  físico, verbal, social o cibernético que recibe un niño por parte de otro u otros niños en el ámbito escolar. 

Casi siempre ocurre lejos de la mirada de los adultos. Es así que el bullying se convierte en un padecimiento solitario que atormenta al niño y que muchas veces los adultos no detectan.

Es necesario que los padres y maestros estén atentos a las primeras señales de acoso escolar para impedirlo y evitar que la situación empeore. 

La escuela debería ser un lugar en el que los niños se sientan protegidos, seguros y confiados. Sin embargo, el acoso escolar, puede convertirla en un lugar de hostigamiento, temor, inseguridad, dolor y desesperación. 

El niño que sufre bullying es seriamente dañado en su autoestima, en su seguridad, en su confianza y en el bienestar general. Al ser tomado de punto por sus compañeros, deja de ser respetado como persona y se vuelve víctima de sus agresores. 

El acoso escolar es un problema muy grave que afecta a muchos niños, niñas y adolescentes de manera cotidiana. El acoso entre pares causa sufrimiento, impotencia, sufrimiento y deteriora la salud psicológica del agredido.   

Tipos de acoso escolar 
Hay varios tipos de acoso escolar, todos son graves. Estos modos de agresión se suelen dar combinados.

  • Físico: todo tipo de amedrentamiento corporal como golpes, empujones, pellizcos, tirar del pelo, patadas, rasguños, robarle, esconderle o romperle sus cosas, etc. 
  • Verbal: todo tipo de amedrentamiento simbólico como burlas, humillaciones, poner apodos ofensivos, insultos, etiquetas, groserías, discriminación por color de piel, por la orientación sexual, por país de origen, por la apariencia física como estatura o peso, por la religión, por la situación económica, etc. 
  • Social: cualquier modo de exclusión social como no permitirle participar en equipos, aislarlo, no invitarlo a fiestas o salidas, no jugar con él, no incluirlo en nada, etc. 
  • Cibernético: todo tipo de amedrentamiento que se realiza a través de internet como humillar, ofender o amenazar a través de palabras o imágenes subidas a  redes sociales, msn, páginas personales, o cualquier otra plataforma cibernética.

Señales de que su hijo/hija está sufriendo acoso escolar 
Frente al acoso escolar los niños suelen no pedir ayuda porque se sienten avergonzados por lo que les está ocurriendo. Es necesario que los padres y los docentes estén atentos para advertir las señales de acoso escolar.

Algunas señales a tener en cuenta son: 

• Tiene lesiones inexplicables. 

• Pérdida o rotura de ropa, libros, dispositivos electrónicos o útiles escolares. 

• Dolores de cabeza o estómago frecuentes, sensación de malestar o simulación de enfermedad. 

• Cambios en los hábitos alimentarios, como saltarse horarios de comidas o atracarse. Los niños pueden llegar de la escuela con hambre porque no almorzaron. 

• Dificultad para conciliar el sueño o pesadillas frecuentes. 

• Calificaciones bajas, pérdida de interés en las tareas escolares, o el niño quiere  ir a la escuela. 

• Pérdida repentina de amigos 

• Deseo de evitar situaciones sociales.

• Deseo de faltar a la escuela.

• No querer hablar de cómo le fue en la escuela. 

• Sentimientos de impotencia y disminución de la autoestima. 

• Comportamiento autodestructivo como escaparse del hogar, lastimarse o hablar de suicidio. 

• Temor de ir al colegio, de caminar hacia y desde el colegio, de subir al autobús escolar o de participar de actividades organizadas con compañeros. 

• El niño parece estar triste, de humor cambiante, lloroso o deprimido cuando vuelve a casa. 

Si ha notado en su hijo alguno de estos síntomas es probable que esté sufriendo acoso escolar. Hable con él. No minimice su sufrimiento. El Acoso Escolar es una situación grave que puede tener repercusiones fatales si es desatendido. 

Algunas consecuencias del acoso escolar 

• Problemas de rendimiento académico y fracaso escolar. 

• Problemas relacionados con la autoestima. 

• Ideas e intentos de suicidio. 

• Trastornos emocionales y cuadros depresivos. 

• Fobia al colegio y fobia social. 

• Sentimientos de inferioridad. 

• Problemas físicos: heridas, contusiones, alteraciones gastrointestinales, dolores de cabeza. 

• Alteraciones del apetito y conductas alimentarias inadecuadas.

• Depresión. 

• Enuresis y conductas regresivas.

• Trastornos del sueño como las pesadillas y los terrores nocturnos. 

• Conductas agresivas.

El niño o adolescente que sufre acoso escolar necesita ayuda 
Para detectar el acoso escolar los padres deben estar atentos y disponibles para sus hijos. Es necesario que los chicos puedan confiar en ellos y contarles lo que les pasa.  Para los niños es difícil hablar de esto. Necesitan ser comprendidos, escuchados con tranquilidad, y sentir que los padres p ueden protegerlos. 

También es importante que los padres estén en comunicación con los docentes y autoridades de la escuela para mantenerse informados de lo que ocurre o para informar si sospechan que su hijo sufre algún tipo de acoso escolar. 

¿De qué nos arrepentimos?

Bronnie Ware una enfermera que trabajó muchos años cuidando a  enfermos terminales, reunió en un libro la lista de los cinco principales arrepentimientos que tiene la gente antes de morir.

El libro que escribió esta enfermera australiana se llama “Los 5 principales remordimientos de los moribundos” (The Top Five Regrets of the Dying) y en él recopila parte de las experiencias que tuvo durante sus años de trabajo en cuidados paliativos.

Los pacientes a los que Bornnie Ware asistía, eran personas que habían sido desahuciadas y esperaban en cualquier momento la muerte. Durante este proceso la enfermera conversó con ellos, escuchó sus confesiones, sus miedos y, especialmente, sus arrepentimientos.

Estas confesiones, dijo Bronnie Ware, la ayudaron a transformar su vida. 

Ese período en el que la persona sabe que su vida va llegando a un final es un período de reflexión y de balance. Y en este proceso aparecen los arrepentimientos.

"Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes" explicó la autora en una entrevista realizada por la BBC.

Pasaron ya varios años desde la publicación de este libro. Sin embargo, las experiencias que en el libro se relatan aún siguen dando temas para reflexionar. 

Según la definición del diccionario el arrepentimiento es el pesar que una persona siente por algo que ha hecho, dicho o dejado de hacer.

Es decir, el arrepentimiento surge por lo que se ha hecho y también, en la mayor parte de los casos, por lo que no se ha hecho. 

Bronnie Ware afirma que el principal arrepentimiento de mucha gente es: “ojalá hubiera tenido la valentía de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera”. Y agrega: "Cuando la gente se da cuenta de que su vida está casi terminada y mira hacia atrás con lucidez, es fácil ver cuántos sueños quedaron truncados. La mayoría no ha realizado ni siquiera la mitad de ellos y debe morir sabiendo que se debe a las elecciones que ha hecho o que no ha hecho".

Dice Bronnie Ware: otro arrepentimiento común es “ojalá no hubiera trabajado tanto”, porque eso, decían los pacientes, los había hecho perder el equilibrio y como resultado habían perdido muchas cosas en su vida". Según la autora muchas personas se arrepienten por no haber pasado más tiempo con sus hijos y con su familia, por haber priorizado el trabajo. 

Así mismo Ware sostiene en su libro que "muchas personas han quedado tan atrapadas en sus propias vidas que han dejado amistades de oro perderse a través de los años". Y agrega: "vi un muy profundo remordimiento por no haber brindado a esas amistades el tiempo y el esfuerzo que merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando se están muriendo".

De este modo, la autora narra y detalla las causas de los arrepentimientos más frecuentes en las personas que ven acercarse el final de sus vidas.

Con respecto a la expresión de los sentimientos explica: "Mucha gente reprime sus sentimientos para mantenerse en paz con los demás. Como resultado de esto, se instalan en una existencia mediocre y nunca llegan a convertirse en lo que verdaderamente son capaces de ser. Muchos desarrollan enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que arrastran por este motivo".

Así, vamos entendiendo, que la mayor parte de las personas con las que trabajó  Bronnie Ware se arrepintieron por cuestiones que hacen al bienestar emocional. Es decir, se arrepintieron por no haber valorado ni puesto en primer plano los sentimientos, la singularidad de cada uno, los sueños, los afectos, los amigos, la familia y el bienestar emocional. Muchos de ellos percibieron que el tiempo que no le dedicaron a estos asuntos fue un tiempo perdido. Y todo este mundo emocional no valorado durante la vida se convirtió en una fuente de dolor y de arrepentimiento en el último tramo de la existencia. 

La lectura de estas experiencias nos permite preguntarnos ¿de qué nos arrepentiremos a la hora del final? Y la respuesta a esta pregunta puede reorganizar nuestra vida de tal modo que podamos sentirnos orgullosos de nuestros actos y de nuestras decisiones, en vez de penar por lo que dejamos de hacer y de valorar. 

Los cinco grandes arrepentimientos según Bronnie Ware

  1. Ojalá hubiera tenido la valentía de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera.
  2. Ojalá no hubiera trabajado tanto.
  3. Hubiera deseado tener la valentía de expresar mis sentimientos.
  4. Lamento no haberme mantenido en contacto con mis amigos.
  5. Desearía haberme permitido ser más feliz.
     

¿Cómo compartir tiempo de calidad con los hijos?

Los niños necesitan atención, cariño, paciencia para educarlos, y especialmente necesitan tiempo. Necesitan que los padres puedan dedicarles cierto tiempo exclusivo para estar con ellos, escucharlos, prestarles atención y divertirse juntos.

Dicho parece fácil, pero hacerlo no es tan sencillo. Los papás y las mamás están llenos de obligaciones y de rutinas diarias. Tienen que ocuparse de cientos de asuntos laborales, tareas del hogar, cuestiones personales, y la verdad es que muchas veces el tiempo no alcanza. 

Al volver a la casa se desea descansar, distraerse, desconcentrarse. Y allí están, los niños, esperando un poco de tiempo y de atención. ¿Cómo hacer?

Y no se trata sólo de la cantidad de tiempo que se les dedica, sino, especialmente, de la calidad. Poder estar con ellos de una manera plena. Disfrutando un rato con ellos y no con la sensación de que son un estorbo, algo más con lo que hay que cumplir. 

Todos los especialistas aseguran que cuando los niños crecen en un hogar en el que los padres les dedican tiempo de calidad desarrollarán un mayor grado de confianza, un buen nivel de autoestima, tendrán mayor seguridad en ellos mismos y mejores habilidades sociales. Todos estas herramientas harán que su vida futura se mejor, más feliz y plena. 

Entonces, más allá de todas las obligaciones y de las acciones que se hacen con los niños simplemente porque hay que hacerlas, es muy importante que los papás y las mamás puedan disfrutar de cierto tiempo con sus hijos. Un tiempo ameno, compartido, en el que el niño sienta que el papá o la mamá están completamente disponibles para él y que disfruta de ese momento. 

Los especialistas dan algunos consejos para lograrlo:
1. Desconectarse: Olvidarse del celular por un rato. Se trata de disponer de toda la atención para dársela al niño. Es un tiempo dedicado a él. Es necesario que se desconecte y se conecte ciento por ciento con lo que está compartiendo con sus hijos. 

2. Organizarse: si bien es cierto que el tiempo no alcanza si uno se organiza bien, seguramente alcanzará más. Se trata de manejar adecuadamente el tiempo para poder contar con un rato exclusivo con sus hijos. 

3. Disfrutar: Pasarla bien. Tan simple como eso. Pasar un buen momento con sus hijos disfrutando de una actividad, un juego, una charla, lo que sea. Lo importante es que sea una actividad placentera tanto para usted como para sus hijos. Hablar, reír, compartir una lectura, un cuento, escuchar lo que tienen los chicos para contar, preparar una comida, ver una película o un dibujito, cualquier cosa puede ser una excusa para pasar un buen momento. Y es importante que el niño sienta que usted disfruta de ese tiempo compartido tanto como él.

4. Encontrar tiempo para cada hijo: Si hay más de un hijo es importante poder encontrar un tiempo exclusivo para cada uno. Un rato a solas para charlar especialmente con cada uno o para compartir algo. No se trata de mucho tiempo. No es la cantidad de tiempo sino la calidad. Se trata de hacerse un rato pada cada uno, aunque sean 15 minutos. Pero 15 minutos plenos con la atención totalmente volcada al niño.

5. Romper la rutina: Improvisar. Salirse a veces de las rutinas establecidas y hacer algo distinto es un modo de refrescar la relación. Algo especial que marcará una complicidad y la alegría de vivir algo por fuera de lo rutinario. Un paseo, ir a tomar un helado, mirar las estrellas, cualquier cosa que se salga de lo que hacen a diario.

6. Poner límites: Establecer límites es necesario. Hay que ser claro y preciso para que el niño entienda. Explicarles claramente en qué momento van a hacer algo juntos y de cuánto tiempo disponen para hacerlo. Decirles por ejemplo, cuando termine de ordenar este cajón vamos a jugar a lo que vos quieras hasta el momento de la cena. Es importante que el niño entienda cuál es el lapso de tiempo que van a compartir de manera exclusiva. Y, por supuesto, es fundamental que la mamá o el papá cumplan con lo que prometen. Y que ese tiempo se lo dediquen sin interferencias, tal como lo prometieron.

7. Decidir: Es importante que usted decida cuál y cuánto tiempo puede darle a sus hijos con dedicación y atención plena cada día. ¿Media hora? ¿15 minutos? ¿1 hora? Lo que sea que usted considere posible hágalo. Recuerde que estamos hablando de tiempo de calidad y no de la multiplicidad de tiempo que comparte con sus hijos mientras hace otra cosa.
 

¿Cómo lidiar con las peleas en la pareja?

En una pareja las peleas son inevitables. Siempre hay conflictos y diferencias. Es normal pensar distinto, hacer las cosas de otro modo, creer que el modo propio es el mejor. Todo eso lleva más de una vez a enormes discusiones y peleas inagotables.

Según Dan Wile, experto en terapia de pareja, a veces una buena pelea es el mecanismo a  través del cual se pueden expresar frustraciones y necesidades, y hacer que algunas cosas cambien en la convivencia.

EL asunto es: ya que sabemos que en algún momento vamos a pelear, ¿por qué no aprendemos a hacerlo bien?

Hacerlo bien significa hacer que las peleas sirvan para que la relación mejore. Intentar que las peleas no sean una herramienta de destrucción sino de construcción.

¿Para qué peleamos? ¿Para ganar o para entendernos? La respuesta a esta pregunta es clave porque determinará la actitud que se tiene en una discusión. Si peleamos para entendernos y para resolver un conflicto nuestra actitud será conciliadora y haremos todo lo posible por entender al otro. Si peleamos para ganar, lo único que nos interesará es derribar al otro y creer que eso nos da un triunfo. 

7 tips para que las discusiones sean constructivas
1. Elegir el momento adecuado para tener una discusión
Punto uno: hablar antes de llegar al enojo extremo. Antes de que la gota colme el vaso. La mayoría de las personas esperan a estar muy enojadas para encarar los problemas. No hablan, estallan. Esto es un gran error.

Lo mejor es programar un momento en el que ambos puedan enfocarse en el tema sin dejar que las emociones se interpongan en el camino. Hablar con tranquilidad de las diferencias que tienen. Hacer que las emociones no nublen el entendimiento. Discutir, sí, pero para entenderse y no para ver quién gana.

2. Hacer la pregunta clave
Según Kira Asatryan, autora del libro Stop Being Lonely, una pregunta puede cambiar la dinámica de las peleas: “¿Qué necesitas de mí?”. De acuerdo con la experta, hacer esta pregunta en vez de seguir peleando enfoca el debate en lo que el otro necesita, y demuestra interés por el bienestar de la pareja. 

3. Resolver el problema antes de irse a dormir
Siempre es conveniente dejar las cosas solucionadas antes de irse a dormir. Opinan los especialistas que cuando la persona se va a dormir enojada, al día siguiente esa sensación de rencor y enojo va a estar mucho más aferrada a la memoria.

Según una investigación realizada en 2016 por el neurólogo Yunzhe Liu, es un error pensar que al dormir desaparecen los sentimientos como la ira, la furia. El informe, publicado en la revista Nature Communications, indica que durante el sueño el cerebro reorganiza la información del día y hace que las asociaciones negativas sean más difíciles de suprimir en el futuro. La investigación fue realizada en la Beijing Normal University y se basó en el comportamiento de 73 estudiantes hombres a lo largo de dos días.

Esta investigación apoya la recomendación de no irse a dormir con enojos y con los conflictos no resueltos.

4. No reciclar las peleas y problemas del pasado.
Si las parejas repiten constantemente todas las discusiones que tuvieron alguna vez, estamos frente al cuento de nunca acabar. Es necesario dar por concluidos algunos hechos. No es posible avanzar si uno está empantanado en momentos del pasado. 

Lo aconsejable es hablar, resolver los temas, llegar a un acuerdo y luego soltar y seguir adelante.

5. El sexo no es la solución
Recurrir al sexo puede parecer un buen modo de reconciliarse, pero no siempre es así. Es posible que la otra persona no esté de humor para hacerlo y que solo lo haga por aplacar la tensión. Esto generará culpa y malestar. Y no soluciona nada. 

El sexo está muy bien cuando se tienen ganas, pero antes hay que resolver las diferencias. Lo mejor es que la sexualidad llegue como resultado del entendimiento y de la intimidad generada en la charla. 

6. Escuchar sin juzgar 
Esto es muy difícil. Normalmente en una discusión uno está enfocado en demostrar que tiene razón y automáticamente deshecha todos los argumentos del otro. Los descalifica. Los rechaza automáticamente. El convencimiento de que uno tiene la razón es tan fuerte que impide que se escuche con atención lo que el otro dice. 

La propuesta es parar por un momento las propias argumentaciones y escuchar. Simplemente escuchar sin pensar cómo ganar y cómo derribar el “enemigo”. 

7. Aceptar los errores y pedir perdón
Este es un gran desafío. A nadie le gusta aceptar que se ha equivocado y que el otro tiene razón. Obstinarse en tener razón y ser incapaz de ser un poco crítico con uno mismo es un callejón sin salida que sólo lleva a aumentar el malestar.

Daphne de Marneffe, autora del libro The Rough Patch, asegura que una de las cosas realmente tóxicas es no asumir la responsabilidad de los errores y no disculparse. 

Si una persona no puede admitir haber hecho algo mal, los problemas aumentan, crece el resentimiento  y no hay posibilidad de cambio. 
 

Los nueve enemigos de la felicidad

Muchas cosas se interponen entre nosotros y la felicidad. Y digo felicidad entendiéndola como un estado de bienestar interno que nos permita disfrutar de la propia vida, más allá de las circunstancias que nos tocan vivir. 

La cuestión es que esas cuestiones que se interponen son parte de nosotros mismos. Nuestras actitudes, nuestro modo de pensar, nuestra forma de reaccionar son nuestros peores enemigos. Son estas trabas y estas limitaciones psíquicas las que se interponen entre nosotros y la felicidad. Son, dicho más claramente, las actitudes que nos arruinan la vida. 

La buena noticia es que podemos cambiarlas. Dependen exclusivamente de nosotros. Se trata de nuestras actitudes frente a los acontecimientos.
Hagamos un pequeño listado de los obstáculos psíquicos que se dan con más frecuencia y que nos impiden disfrutar mejor de la vida:

1. Los pensamientos catástrofe. Son los pensamientos que nos hacen imaginar todo tipo de catástrofes que nos pueden ocurrir  a nosotros o a nuestros seres queridos. Nos llenan de miedo y preocupación. En general, ninguna de esas horribles cosas suceden. Son pensamientos que sólo sirven para arruinarnos la vida.

2. No poder perdonar a los otros. El resentimiento y el rencor nos llenan de oscuridad y de malos momentos. Son nocivos para nuestro ánimo. Suelen sumirnos en un estado de depresión, tensión, estrés.

3. No poder perdonarse a uno mismo. Hacer las paces con uno mismo es clave para el bienestar. No es posible sentirse bien si uno vive reprochándose o arrepintiéndose de lo que ha hecho. Todos tenemos circunstancias personales que no nos hacen sentir bien con nosotros mismos, pero es necesario reconciliarse con lo que cada uno ha podido hacer y con lo que no ha podido. De los errores hay que aprender. No es sano vivir auto reprochándose todo. Hacer una autocrítica está muy bien, pero sólo con el objetivo de cambiar y corregir aquello que no nos gusta. Luego hay que perdonarse y seguir, con la decisión de no repetir los errores.

4. Vivir en los extremos: Todo o nada. La vida está llena de matices. Y en general el bienestar se encuentra en los matices y no en los extremos.  Entre todo y nada están los miles de “Algos” posibles para nosotros. Probablemente no podamos todo, pero sin duda podemos algo. Y ese algo es lo que importa y lo que es necesario valorar.

5. Idealizar las situaciones. Las situaciones de la vida no son ideales. Hay un refrán que dice: “Lo ideal es enemigo de lo posible.” Y es cierto. Muchas veces por buscar la pareja ideal, el trabajo ideal, la vida ideal, la familia ideal nos perdemos la vida posible. Nos perdemos de disfrutar de la vida posible. Los “ideales” pueden ser grandes obstáculos para el bienestar, sobre si están vinculados a lo inalcanzable. Esperar una pareja ideal puede ser causa para no tener nunca una relación satisfactoria. Ya que probablemente nada ni nadie esté a la altura del ideal.  Menos ideal y más realidad para disfrutar de lo que sí se tiene. 

6. Pesimismo. El pesimista es una persona que cree que todo va a ir mal. Siempre anticipa un futuro negro. Suele creer que nada mejorará nunca. Estas creencias le impiden pasarla bien, ya que está sumergido en un mundo oscuro de malos augurios. Se da siempre por vencido antes de intentar nada, ya que supone de antemano que todo irá mal. 

7. Querer tener el control sobre todo. Gran parte de la vida está fuera de nuestro control. No nos pertenece y no está en nuestras manos controlarlas. Las personas que quieren controlar todo viven afligidas y amenazadas, ya que las cosas importantes suelen ser incontrolables. Es cierto que se puede prevenir y cuidar las cosas que nos importan, pero la verdad es que no todo depende de nosotros. Lo mejor es encontrar un equilibrio que permita ser cuidadoso con lo que queremos sin obsesionarse con el control. Como dice la oración de la Serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia.”

8. No valorar ni agradecer. Dar las gracias significa reconocer y valorar lo que se tiene y lo que nos dan los demás. Una persona que no puede valorar o que tiene siempre vive insatisfecho. Siempre siente que le falta algo para ser feliz. 

9. Envidiar. La persona envidiosa está insatisfecha con su vida. Le parece que la del otro es mejor. Vive pendiente de lo que tienen los demás y en su interior crece el malestar. Para ser feliz es necesario focalizar en lo que cada uno hace, vive, tiene, genera y desea. La envidia intoxica las emociones y amarga el corazón.