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A Corazón Abierto- Dra. Amparo

La comezón del séptimo año

Parece ser que el séptimo año es un año bisagra para los matrimonios. Algo se estanca. El amor y el entusiasmo no fluyen como antes. Aparecen tentaciones peligrosas. La fantasía de tener una aventura con otra persona empieza a sonar con más fuerza en la cabeza. Según la creencia popular las relaciones de pareja pasan por una fuerte crisis  en el séptimo año. Y a esta crisis se la conoce como “la comezón del séptimo año”. ¿De dónde surge esta idea?

El nombre  proviene de una obra teatral de George Axelrod, estrenada en Broadway en 1952. Más tarde, en el año 1955,   se estrenó  a la famosa película de Billy Wilder que también se llama La comezón del séptimo año (The seven year itch).

La película plantea la enorme tentación que tiene un hombre casado  ante los coqueteos de su vecina (Marylin Monroe), a los que finalmente no sucumbe por respeto a su familia.

A partir de estas obras se popularizó la idea del peligro del séptimo año para las parejas. ¿Pero cuánto hay de cierto en esto? ¿Es una realidad o un mito producto de la ficción?

El psicólogo Karl Pillemer, en una entrevista para Huffington Post  explica que en verdad no existen evidencias científicas de que se produzcan problemas maritales exactamente a los 7 años de relación, sino que ese número es un promedio.

Dice el psicólogo: “Las parejas no deben temer al séptimo año como una amenaza única. Los estudios muestran que, en promedio, la satisfacción conyugal y la calidad general caen durante los primeros años en que las personas están juntas, cuando la ‘vida real’, y en particular los niños, entran en escena“.

La realidad es que, después de muchos años de estar en pareja comienza una etapa más rutinaria. La vida ya no es tan divertida. Hay deudas, niños que cuidar, labores que atender, cansancio, preocupaciones, miedos. Todo esto puede armar un combo letal para el amor de pareja. La fantasía de infidelidad empieza a rodar con mayor frecuencia. Puede ser que aparezcan terceros que resulten más seductores y atractivos que la propia pareja. Lo que se había construido hasta el momento parece pender de un hilo.

La crisis puede darse en el séptimo año, pero también en el sexto, octavo, etc. La falta de novedad, la rutina, la costumbre, son algunos de los enemigos de las parejas que, con el tiempo, empiezan a provocar la famosa comezón.

Obviamente, se trata de una crisis. Superarla o no, dependerá de la capacidad de la pareja para renovarse.

Algunas indicaciones para superar las crisis

  1. Darle espacio al diálogo: busquen un momento para hablar. Mantener la comunicación y el interés por el otro es fundamental. La falta de comunicación es un factor importante en la picazón de los 7 años. Tómese el tiempo para hablar con su pareja todos los días.
  2. Entender que algunas etapas son más exigidas: cumplir con horarios, rutinas y responsabilidades es agotador. Al estar cansados, es más fácil que surjan fricciones y discusiones. Por eso, es clave ser pacientes y tolerantes. Y saber aceptar momentos de frustración.
  3. 3. Buscar espacios para estar solos: una pareja necesita tener tiempo para hablar, mimarse, escucharse y reencontrarse. Es fundamental hacerse el tiempo y el espacio para tener momentos de intimidad. Descuidar la intimidad es un error fatal que puede llevar a la destrucción de la pareja.
  4. Combatir el aburrimiento: Un estudio realizado por la Universidad de Michigan y la Universidad de Stony Brook descubrió que el aburrimiento es una de las mayores causas de la comezón del séptimo año. Es recomendable hacer una nueva actividad juntos como pareja. Compartir actividades y experiencias nuevas. Sorprenderse juntos es esencial. No hay que permitir que la relación se convierta en algo aburrido.
  5. Programar una cita nocturna: Las obligaciones pueden reducir el tiempo que antes le dedicaban al romance. Programar una cita nocturna, vestirse especialmente para la ocasión, volver a seducir y a conquistar a su pareja puede ayudar a recuperar el romanticismo.
  6. Desarrollar nuevos intereses: el aburrimiento en la vida es peligroso. Busque cosas nuevas que lo entusiasmen. Esto también le dará más cosas de que hablar y le ayudará con su pareja.
  7. Reconocer el problema: aceptar que algo no está funcionando entre ustedes  significa que podrán tratar la crisis de manera más eficiente. Recuerde que siempre puede buscar ayuda profesional si la crisis es muy aguda.
  8. Hacer una lista de pros y contras: anote todo lo que perdería si deja su relación actual y lo que cree que ganaría. A veces, ver las cosas por escrito, ayuda a valorar y a elegir lo que uno quiere y necesita. 

¿Cómo ayudar a alguien que sufre?

Una de las situaciones más difíciles que nos tocan vivir es ver a alguien que está sufriendo y no saber cómo ayudarlo. Esto es especialmente penoso si se trata de una persona  querida y cercana.

Normalmente cuando sabemos que una persona está atravesando un momento difícil lo primero que intentamos hacer es tratar de buscar una solución para su situación. Escuchamos cuál es el problema y automáticamente empezamos a pensar en soluciones que puedan ayudar. Nuestra atención se focaliza en las posibles soluciones y dejamos de prestar atención a lo que la persona expresa.

De este modo desatendemos su verdadero padecimiento.  Y negamos una realidad: a veces hay cosas que no tienen solución. Simplemente hay que atravesarlas, soportarlas y, aprender de ellas.

El famoso doctor Jung escribió que la base de la ayuda terapéutica está en escuchar sin juzgar los problemas del otro, en aceptarlos y no colocarse por encima de su dolor.

1. Escuchar
Esta es la base de la ayuda: saber escuchar. Prestarle al otro nuestra atención, nuestro tiempo, y nuestro atento silencio para que pueda poco a poco expresar sus sentimientos y su malestar. Saber escuchar es un arte.

Para escuchar sin interferir recomendamos:
• Busque el momento y el lugar adecuados para que la persona pueda contar con tranquilidad aquello que le sucede.
• No minimice la situación.
• Hágale saber que cuenta con su apoyo y que no lo juzgará. No hace falta decirlo con palabras, su actitud al escuchar es lo que cuenta.
• No lo presione.
• Permita que la persona hable cuando lo considere adecuado.
• No le haga miles de preguntas.
• Déjelo hablar y respete su silencio.
• No lo interrumpa.
• Permita que hable el tiempo que sea necesario. Muchas veces desahogarse es el mejor remedio.
• No lo juzgue. Para comprender es necesario liberarse de los propios preconceptos y escuchar sin prejuicios.

2. Mantenerse cerca
Otro modo de ayudar a alguien que sufre es no dejarle solo. Que el otro sepa que está allí si lo necesita. Acompañarlo. Hacerle sentir la cercanía, pero sin invadirlo. Claro que no es fácil, pero es posible y hay que intentarlo.

Muchas veces la persona que sufre se aísla. Evita la compañía y ni siquiera responde los mensajes o los llamados. Es importante hacerle sentir que no está sola sin invadirla y respetando sus necesidades y sus tiempos. Para esto es necesario ser sutil y al mismo tiempo perseverante.

Otra forma de cercanía es brindarle ayuda con alguna de las actividades cotidianas que quizás la persona no puede cumplir, como ayudarle con la compra diaria, con la organización de la casa, etc.

3. No confrontar
No es momento de confrontar. Es importante manejarse con tacto. Por un lado, es necesario  ser firme y no dejar que la persona “se derrumbe”.

Pero por otro lado, hay que ser flexible y evitar las confrontaciones. Para conseguirlo aconsejamos:
• Evitar imponer las propias  opiniones.
• Respetar los tiempos del otro.

4. No  abrumar con consejos
¿Quién es uno para suponer que sabe lo que es mejor para el otro? El secreto de la ayuda es poder escuchar y respetar lo que el otro dice. En la desesperación por brindar ayuda a veces uno deja de escuchar al otro y sólo se escucha a sí mismo y a lo que cree que es mejor.

No es momento de consejos. Es momento de escuchar, entender y respetar.

5. Tener paciencia
Los procesos de recuperación suelen ser lentos. Después de una gran pérdida el psiquismo necesita un largo tiempo de elaboración para recuperarse.

Los procesos son extensos y no pueden acelerarse. Es necesario entenderlo para respetar esos tiempos. Lo peor que se puede hacer es querer acelerar ese proceso y comunicar nuestra ansiedad por la recuperación del otro. La persona que está pasando un mal momento no puede lidiar con su dolor y con la ansiedad de los demás por verla bien nuevamente.

Hay que pensar que el dolor psíquico tiene tanta realidad como la fractura de un hueso. Cualquiera entiende que si se le rompe un hueso necesitará un tiempo para recuperarse. A nadie se le ocurre “obligar” al cuerpo a que acelere sus ritmos. La misma actitud de respeto por el proceso hay que tener con el sufrimiento psíquico. 

En este sentido es esencial la paciencia. Es decir, respetar los tiempos que el proceso de recuperación requiere, sin tratar de imponer los tiempos nuestra pretensión de que el otro esté bien ya mismo.

Amores on-line

Cambia el mundo y nosotros cambiamos con él. Cambian nuestras nociones del tiempo y del espacio, cambia la forma en la que percibimos la realidad, cambian nuestras necesidades, y también, claro está, cambia nuestro modo de relacionarnos con los demás.

Y, en el medio de esa situación de cambio constante, el amor sigue allí, acechando, esperando. Mujeres y hombres de todas las edades buscan encontrar a la persona que les despierte ganas, alegría, deseo. ¿Pero cómo es esa búsqueda en la era digital?

Para muchos los modos tradicionales ya no funcionan. Y es que las apps de citas y las redes sociales son ahora parte central de nuestras vidas. Muchas historias de amor y de desamor nacen y se apagan dentro del mundo digital.

Se dice que en el mundo, por semana, un millón y medio de primeras citas se arreglan en Tinder. Y Tinder es sólo una de tantas aplicaciones que se utilizan para buscar con quién salir. Otras aplicaciones, como Happn, Grindr, Match.com, OkCupid, también cambiaron las maneras de conocerse y de, eventualmente, enamorarse.

¿Hay alguna diferencia entre conocerse en persona o a través de una plataforma digital? ¿Cuáles son los pros y los contras? Muchos investigadores se plantean el tema, e intentan dar respuesta a los múltiples interrogantes que estos modos de conocerse generan.

Nicole Ellison, profesora en la Universidad de Michigan, se abocó a estudiar cómo se presentan los individuos en sus perfiles de aplicaciones de citas. Según ella, estas apps "aumentan la cantidad de potenciales parejas y les permiten a las personas acceder a más información sobre esas potenciales parejas que la que tendrían en un primer encuentro cara a cara, como un bar o una fiesta".

Sin embargo, esta primera información que recibimos de manera digital no suele ser del todo veraz ni suficiente para afianzar y sustentar el deseo en una relación.

Eli Finkel, profesor de psicología de Northwestern University aclara que luego del primer encuentro, los efectos de las citas online son mucho más pequeños. Sostiene que es posible que la cantidad de otras posibles parejas haga que las personas sean menos proclives  a seguir saliendo con alguien que no termina de cerrarles.

Por otra parte, para Finkel, los algoritmos no son efectivos a la hora de predecir si dos personas se van a llevar bien. Sostiene  que una relación es una entidad muy distinta a las personas involucradas en ella. La química romántica parece ser imposible de predecir por adelantado, aclara.

Los algoritmos se basan en la información que proveen los participantes en sus perfiles. Pero esa información suele estar distorsionada. Los participantes suelen querer dar una versión mejorada de ellos mismos en su perfil. La profesora Ellison comparó el peso y la altura reales de 80 aspirantes a conseguir pareja en línea con lo que mostraban  en sus perfiles. Encontró que los hombres tienden a agregarse altura y las mujeres a quitarse peso.

Así es que esta primera imagen que recibimos del otro, es lo que el otro decide mostrar en su perfil. La realidad irá apareciendo poco a poco, a medida que la relación prospere. Y, especialmente, cuando llegue el momento de conocerse en persona.

El cuerpo real del otro, el tono de su voz, el olor, su modo de moverse, y su gestualidad, agregan una tridimensionalidad que el encuentro digital no permite evaluar. Así, afirma Finkel, a primera impresión en la aplicación no es suficiente para iniciar una relación.

¿Y qué pasa a la hora de separarse?
Ilana Gershon, profesora de antropología de la Universidad de Indiana, publicó un libro sobre rupturas de pareja a través de los medios digitales. En el mismo muestra que la digitalización también ha marcado los modos de encarar una ruptura sentimental.

"Tener todas estas opciones para terminar las relaciones ha hecho que las personas decidan separarse de nuevas maneras, y que tengan que tomar nuevas decisiones una vez que se separan, como qué hacer con los rastros de la pareja en Facebook, o si eliminar el número de los contactos del celular para no llamarla en un momento de vulnerabilidad o borrachera", comenta la autora.

Bloquearlo, dejar de seguirlo en Instagram, borrar sus fotos, espiarlo en las redes, dejar de ver sus historias, o por el contrario tratar de saber todo lo que hace, son algunos de los nuevos desafíos que aparecen en las rupturas amorosas. La realidad se ha expandido hacia lo digital y las huellas de una relación en internet suele ser tan poderosa como las marcas que ha dejado en el recuerdo o en la casa que han compartido.

¿Qué es la depresión otoñal?

Con la llegada del otoño llegan muchos cambios a la vida de todos. Comienza la estación de los colores ocres, de las temperaturas más frescas y de los días de lluvia. Llegan cambios en la cantidad de luz solar que recibimos, cambios en la duración del día, cambios en la temperatura, y cambios en los colores de la naturaleza que se dispone para enfrentar el invierno.

Así también nosotros experimentamos cambios en nuestro ritmo vital.  Todos los cambios típicos del otoño afectan e influyen en nosotros de diversas maneras. En algunos casos puede ocasionar un estado de ánimo especial conocido como depresión otoñal.

Es bueno saber qué quizás algo de esto puede estar ocurriéndonos y, en ese caso, saber qué cosas son convenientes hacer para evitarlo.

¿De qué se trata la depresión otoñal?
La llegada del otoño  puede causar sentimientos de tristeza, de falta de ánimo, de sopor y de cierto desgano. Algo parece apagarse en nosotros y hacer las cosas cotidianas nos cuesta más que antes. Podemos estar más introvertidos y melancólicos, como si nuestro ánimo acompañara este momento especial de la naturaleza. Todos estos sentimientos que pueden aparecer en otoño son parte de lo que llamamos la “depresión otoñal”.

Se trata de un estado depresivo causado por los cambios que ocurren en otoño. La depresión otoñal es parte del trastorno afectivo estacional, es decir, de una depresión vinculada con el cambio de estación. Las señales de alerta suelen comenzar al inicio del otoño.  En la mayoría de los casos se termina al finalizar el invierno.

Este padecimiento conocido como Trastorno Afectivo Estacional es un “síndrome anual recurrente”. Fue descripto por Norman Rosenthal, profesor de Psiquiatría clínica de la Universidad de Georgetown de Washington quien lo investigó durante 20 años, desde 1981.    

Síntomas de la depresión otoñal
Los síntomas de la depresión otoñal pueden variar  en cada persona. Sin embargo,  los más comunes son estos:

  • Falta de interés.
  • Pocas ganas de realizar actividades.
  • Tristeza y apatía.
  • Cansancio excesivo.
  • Cambios en el apetito.
  • Aumento o pérdida de peso.
  • Falta de motivación.
  • Pensamientos negativos.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Trastornos en el sueño como insomnio, o su contrario sueño excesivo.

¿Cuáles son las causas de la depresión otoñal?
Las causas de la depresión son diversas. Las más frecuentes son:     

  • Serotonina: la reducción de la luz solar hace que los niveles de serotonina disminuyan.
  • Melatonina: el inicio del otoño causa desajustes en la producción de melatonina, relacionada con el sueño y nuestras emociones.
  • Reloj biológico: la disminución de la luz solar altera el reloj biológico, y afecta el estado de ánimo.     

Actividades que ayudan a sobrellevar la depresión otoñal
La depresión otoñal es un trastorno pasajero. Podemos combatirlo realizando una serie de actividades que ayudarán a sobrellevar el cambio estacional.

  1. No quedarse en casa: para combatir la depresión otoñal es aconsejable prolongar la exposición a la luz natural. Se recomienda  dar paseos en las horas del día con más luz solar.  También es excelente idea realizar ejercicio al aire libre
  2. Dormir bien: otro recurso es tratar de  dormir las horas que necesite y de manera regular durante toda la semana. Tratar de mantener las horas de sueño habituales y no alterar el ritmo del sueño es lo mejor.
  3. Cuidar la dieta: la alimentación es fundamental para afrontar con éxito este cambio de estación. Se aconseja ingerir alimentos saludables y equilibrados. Incluir en la dieta legumbres, cereales, carne y verduras que aportan hierro y fortalecen el organismo. También los  frutos secos son un buen aliado para recuperar fuerzas.
  4. Incentivar la vida social y darse los gustos: no aislarse. Es recomendable planear encuentros con familiares y amigos. También hay que darse los gustos y realizar aquellas actividades que más le agraden y entusiasmen.

Si con la llegada del otoño nota algunos de los síntomas de alerta, es necesario utilizar los recursos comentados para impedir que la depresión avance.

Si la depresión continúa debe acudir a un profesional de la salud para recibir el tratamiento adecuado.

La soledad: un problema de salud

La soledad es uno de los grandes problemas de la vida moderna. Muchos investigadores se encuentran dedicados a pensar y replantear este tema, que se presenta como uno de los importantes dilemas de la vida contemporánea.

A pesar de ser ésta la era de la comunicación y de la hiperconectividad, el ser humano se siente cada vez más sólo. Nos encontramos ante esta gran paradoja: estamos conectados con el mundo entero y, sin embargo, nos sentimos cada vez más solos. En ese punto parece que la tecnología y los dispositivos de comunicación que ya forman parte de nuestra vida diaria, tienen también esa cara oscura: el aislamiento.

El poeta inglés JOHN DONNE (1572-1631) escribió en un famoso poema: “Ningún hombre es una isla por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo”… “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti." (Fragmento)

Y así es. Estamos interconectados y necesitamos sentirnos parte del todo. No somos puntos aislados en el universo. 

No somos islas, formamos parte de una sociedad y, aunque tratemos de evitarlo, nuestros actos tienen una repercusión directa o indirecta sobre los demás. Así como los actos de los demás tienen una influencia directa en nosotros.

Muchos pensadores y artistas se inspiraron en este poema de John Donne para pensar sobre la conexión del hombre con su ambiente.

El teólogo y poeta americano Thomas Merton escribió un libro titulado “Los hombres no son islas” en el que describe nuestra profunda vinculación con las personas que nos rodean.

Así mismo,  Ernst Hemingway utilizó uno de los versos del poema de John Donne como título para su famosa novela: "¿POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS?".

La cuestión es que en la actualidad el tema del aislamiento y de la soledad del ser humano sigue siendo un punto de reflexión y de preocupación no sólo para filósofos y artistas, sino para los profesionales de la salud. Muchos investigadores de la salud están generando estudios para comprender el peso que la soledad tiene en la salud integral del ser humano.

El uso permanente de las redes sociales y de las diversas apps que nos proveen de una aparente comunicación y de caudales de información instantánea, tiene también un efecto desolador: el efecto de provocar un estado de aislamiento emocional y afectivo.

La soledad, el sentimiento de soledad es justamente eso: un estado de aislamiento emocional y afectivo. Se puede estar rodeado de personas, pero si no se tiene un lazo de intimidad afectiva con ninguna de ellas aparece el sentimiento de soledad.

En un estudio realizado en Estados Unidos se observó que el 46% de los estadounidenses padece ocasionalmente de soledad, es decir, de la sensación de sentirse separados o fuera de algo. Los investigadores que realizaron la investigación concluyen que esto es un nivel casi epidémico de soledad.

El puntaje más alto en la escala (48) predominó entre la generación Z, que incluye a las personas que tienen en la actualidad entre 18 y 22 años, mientras que, sorprendentemente, las personas de 72 años o más reportaron sentirse menos solas, con un score de 39.

En un estudio llevado a cabo en el Reino Unido se encontró que los riesgos asociados a sentirse solo son superiores a fumar 15 cigarrillos al día. Además se halló una relación entre la soledad y el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. Los investigadores afirman que la soledad suele causar que la gente tenga menos estímulos mentales, ya que estos estímulos son ocasionados por el contacto con los demás. Y esta falta de estímulos, a la larga, deteriora el estado cognitivo de la persona.

Otra investigación afirma que en los individuos que se sienten solos o tienen pocas conexiones sociales el riesgo de morir antes de los 70 años aumenta al 50%.

Todas estas investigaciones apuntan a ver en la soledad crónica y prolongada un factor que puede afectar la salud mental y física de la persona.

El énfasis está ubicado en que el ser humano tiene la necesidad de tener conexiones sociales satisfactorias. No se trata de la cantidad de gente que nos rodea sino de la calidad de los vínculos que construimos. Se trata de ser capaz de establecer vínculos con un nivel de intimidad emocional satisfactorio, ya sea con amigos, familiares o con la pareja. Es la calidad de los vínculos la que nos hace sentir conectados con los demás.

¿Qué hacer si siente que su pareja ya no lo ama como antes?

Es cierto que las parejas pasan por distintos momentos a lo largo del tiempo. Algunos de esos períodos son de gran intimidad y enamoramiento total, y hay otros en los que las cosas parecen enfriarse. No siempre estos cambios tienen que ver con el desamor. Son muchas las causas que pueden afectar estos vaivenes dentro de una relación.

Esas etapas  de mayor distancia pueden deberse a preocupaciones que pueda estar teniendo uno de los dos, a cansancio por las presiones laborales o familiares, a momentos de gran estrés, o a la presencia de cualquier tipo de malestar que no se comunica a la pareja.

Y acá nos encontramos con el gran tema de la comunicación. Hay personas que al tener un problema o preocupación se cierran.  En vez de compartir lo que les pasa con su pareja se aíslan. Se bloquean. Se vuelven rígidas.  La pareja percibe el cambio y en vez de preguntarle qué le pasa empieza a suponer. Esto puede ser el inicio de un círculo vicioso que lleve a un desencuentro amoroso cada vez mayor.

Por eso una de las recomendaciones fundamentales es comunicarse. Hacerse entender. Si uno no quiere profundizar en el tema al menos explicarle al otro que algo le está preocupando y por ese motivo está distante. En muchas parejas se supone en vez de preguntar y eso ocasiona una distancia mayor día a día. Por eso el mejor consejo es: No suponga, pregunte.

También es cierto que a veces el amor se apaga. Y ese apagón trae cambios en el modo de tratar a la pareja. A veces puede volver a encenderse y a veces no. Lo importante es estar atento, hablar, y no permitir que las dudas empeoren el panorama.

La duda genera un estado de ansiedad y de inquietud. Ante ciertos cambios de conducta aparecen las dudas sobre el amor del otro. ¿Actúa así porque ya no me quiere? Es lo que se suele preguntar una persona ante esos cambios.

¿Cuáles son los cambios en la conducta de la pareja que deben encender todas las alarmas?

1. Falta de tiempo y de disposición: Está tan ocupado en sus asuntos que no tiene tiempo para ti. No hace llamadas para preguntar cómo te va. No realiza planes contigo. No tiene ganas de hacer cosas juntos. El deseo de compartir y de disfrutar haciendo planes en común es una de las bases de la pareja. Si eso ya no está y lograr hacer algo juntos es un triunfo preste atención pues algo no funciona bien.

2. Muestra desinterés en tus proyectos: Parece no importarle lo que estás haciendo. No le interesan tus proyectos personales, o los considera tonteras. El interés hacia el mundo del otro es una de los pilares del amor. Si se ha perdido es un indicador de que algo no va bien.

3. No apoya tus decisiones: Más bien muestra indiferencia hacia tus cosas. Una pareja debe ser un apoyo. Si ya no está allí para apoyarte y ayudarte, algo no está funcionando bien.

4. No valora tu opinión: Sientes que te descalifica. Tus opiniones ya no le resultan tan atractivas como antes, más bien le aburren. Valorar y admirar al otro es signo de amor, y es lo que suele ocurrir en la etapa del enamoramiento. Si esto ha desaparecido y tu pareja ya no te valora algo está ocurriendo.

5. No suele tener detalles contigo: Gran parte del amor está hecho de detalles. Un pequeño regalo, una charla, un momento especial, una llamada oportuna, son las cosas que hacen la diferencia. Cuando estos detalles desaparecen algo está pasando.

6. Evita hablar del futuro: No habla de planes en pareja. No hace proyectos ni le interesan los proyectos de futuro que le propones.

7. No muestra deseo sexual: Enfriamiento. Falta de erotismo. Desgano sexual, o mantener sólo un sexo rutinario y aburrido es otro indicador de que algo se está rompiendo. La pareja necesita intimidad emocional y sexual. Si eso desaparece estamos en problemas. 

8. Todo le molesta: Cuando a tu pareja le molesta cada cosa que haces y siempre destaca tus defectos, algo anda mal. Cual-quier cosa se convierte en una pelea o en un conflicto. Si todo lo que dices o haces le causa enojo es momento de ver qué está pa-sando entre ustedes.

Ante estos cambios de conducta lo que hay que hacer es hablar. Buscar un momento adecuado para tener una conversación profunda y honesta que pueda clarificar lo que está pasando en la pareja.

Ni el enojo, no las demandas, ni las peleas solucionaran el conflicto.

 

La bulimia y la anorexia no son lo mismo

Suelen confundirse, pero la bulimia y la anorexia son dos trastornos distintos que funcionan y se muestran de manera diferente. Es importante conocerlos y diferenciarlos. Ambos son trastornos que afectan especialmente a las personas jóvenes, a adolescentes y a también preadolescentes.

Tienen en común que los dos son trastornos alimenticios. Son las alteraciones más comunes de la conducta en el acto de comer y deben ser tratados por profesionales.

También hay que aclarar que cuando se sufre uno de ellos, se puede sufrir -antes o después- el otro.

En ambos trastornos se tiene una imagen corporal distorsionada. La persona ve a su cuerpo de una manera distinta a como realmente es. Se ven gordos, enormes, desproporcionados. Esta distorsión permanece aunque la persona baje llamativamente de peso. Sigue viendo que su cuerpo no es lo que quisiera, y por eso se somete a diversas privaciones y modos de alimentarse y de purgarse.

Si bien tanto a la anorexia como a la bulimia  pueden padecerla los dos sexos, son más frecuentes en mujeres y en etapas como la adolescencia o la preadolescencia.

A pesar de que quienes las padecen tienen un objetivo común que es el deseo de adelgazar y la obsesión por controlar su peso, existen diferencias importantes entre ambas en relación a la conducta, a los modos en los que se manifiesta y a los síntomas que presentan.

Es importante aprender a distinguirlas para brindar la ayuda adecuada a quien las padece. 

Principales diferencias entre bulimia y anorexia

Forma de manifestarse

  • La bulimia se manifiesta cuando la persona se da atracones, es decir come mucha comida de golpe, y luego se provoca el vómito o toma laxantes para perder lo que ha devorado.
  • La anorexia es la restricción voluntaria del consumo de alimentos. La persona deja de comer. Come nada.  No se alimenta.   Adelgaza en exceso, hasta la escualidez evidente.

Estilos de comer

En la bulimia:

  • Cortan los alimentos en trozos grandes
  • Comen rápidamente
  • Apenas mastican o tragan sin masticar
  • Prefieren grandes porciones

En la anorexia:

  • Cortan los alimentos en trozos pequeños
  • Comen lentamente
  • Mastican largo rato antes de tragar
  • Prefieren pequeñas porciones, tiran, escupen o esconden la comida.

Control y descontrol de la propia conducta
En la anorexia hay un comportamiento mucho más controlador ante su objetivo de pérdida de peso. Todos sus actos se dirigen a analizar y controlar minuciosamente aquello que se ingiere. Pueden llegar a no comer nada durante todo el día.

En la bulimia hay una conducta ansiosa y poco controladora. Presentan un auténtico descontrol en su alimentación diaria. Suelen seguir regímenes extremos como pasar un día sin comer en combinación con el consumo impulsivo de una gran cantidad de alimentos los llamados “atracones”. Luego del atracón suelen compensar estos excesos provocándose el vómito o tomando laxantes para deshacerse de la comida ingerida descontroladamente y del sentimiento de culpa y vergüenza que sienten.

Diferencias en el peso
En la bulimia el peso permanece dentro del rango saludable. Los pacientes con bulimia pueden tener un peso normal y engordar y adelgazar de manera muy brusca. Se sufren cambios significativos e irregulares en el peso, ya que con los atracones la persona engorda y luego con el vómito adelgaza mucho de golpe.

En la anorexia la persona está muy por debajo de su peso corporal normal, y esto es muy evidente para los demás, no para ella. Las pacientes con anorexia pesan mucho menos de lo que es su peso ideal, llegando a una situación de delgadez extrema.

Consecuencias físicas
La bulimia puede acarrear enfermedades graves como la hinchazón de la glándula parótida y la cara; daños en el esmalte dental y deterioro o pérdida de piezas dentarias como consecuencia de los vómitos. Tienen conductas compensatorias como: escupir, abuso de líquidos para compensar el hambre, provocar el vómito, abusar de laxantes y diuréticos. Estas últimas conductas pueden provocar la muerte por paro cardíaco al ocasionar la pérdida de potasio.

La anorexia puede provocar desaparición de la menstruación, debilidad general, deshidratación y el desarrollo de enfermedades graves, incluida la propia muerte. También puede haber caída del cabello, piel seca, hipotensión e hipotermia.

Tanto quienes sufren bulimia como anorexia deben recurrir a un tratamiento médico y psicológico para superar estos trastornos y recobrar una vida saludable. Si conoce a alguien con este padecimiento busque ayuda profesional. Ambas son enfermedades que deben tratarse por profesionales especializados.

El amor y las redes sociales

Las redes sociales nos vuelven visibles. Para el  mundo actual no estar en redes sociales es casi como no existir. Algunas personas, las menos, se niegan a formar parte de las redes sociales, pero la realidad es que la gran mayoría participa de este modo de vincularse.

En las redes sociales nos mostramos, nos damos a conocer. Mostramos lo que pensamos, lo que vivimos, lo que sentimos. Nos gusta exhibir nuestra vida. No toda, claro. Pero nos gusta compartir fotos de buenos momentos, cosas que vivimos y nos hacen sentir orgullosos, parte de nuestro mundo se ve reflejado en nuestras redes sociales.

Por supuesto, esta visibilidad ha afectado el modo en el que nos relacionamos y, ha afectado especialmente las relaciones de pareja. Nuevos problemas empiezan a aparecer por lo que el otro sube, o no sube. Por lo que muestra y por lo que oculta. Por los likes que pone, por las personas a las que sigue, por los amigos, etc.

Y no sólo eso, también de lo que subimos, se infiere más de lo que suponemos. Muchas cosas decimos con nuestros post sin saber que lo estamos diciendo.

Una idea fuerte y extendida entre usuarios de redes sociales afirma que si hace cuatro meses que sube contenido sin la pareja, es probable que la persona en cuestión se haya separado o esté atravesando una crisis. Y justamente es éste uno de los puntos de discusión de las parejas. ¿Cuánto sube con respecto a su relación en las redes sociales? ¿La hace invisible o la invisibiliza?

Algunos investigadores han puesto las manos en la masa y comenzaron a investigar estas cuestiones que hacen al amor y a la visibilidad que se le da en las redes sociales.

Un estudio de la Sociedad para la Personalidad y la Psicología Social realizó una investigación con este título: “¿Podés decir que estoy en una relación? Visibilidad de apego y pareja en Facebook (y otras redes)”. Según este estudio el estado de “apego” subyace en todo lo que publicamos en las redes sociales. Es decir, afirma que mostramos si estamos o no en pareja, o si estamos en crisis, cada vez que posteamos un contenido.

Como dijimos, una de las discusiones que se dan en la pareja es cuánto el otro visibiliza la relación en las redes sociales.  En el estudio en cuestión varias parejas confesaron haber tenido peleas fuertes porque el otro o no subía fotos de los dos, o se cansaba de tener que hacerlo.

Según los especialistas las personas con tendencias a compromisos poco duraderos mostraron poco deseo hacer visible su relación, mientras que los ansiosos y posesivos mostraron y demandaron una mayor visibilidad.

Así es que las redes sociales han traído un nuevo motivo de pelea para las parejas. 

¿Por qué no subís nunca una historia conmigo? O ¿Te da vergüenza mostrar que estás conmigo? ¿Es por tu ex? Son algunos de los reclamos que suelen oírse. La pelea que puede durar horas, o días, puede ser un motivo de discusión constante y puede llevar al final de la relación. 

Otro informe, realizado por Emily L. Dix y Lydia F. Emery, afirma que cuando algunos usuarios se sienten inseguros sobre los sentimientos de su pareja, tienden a hacer más visibles sus relaciones.

Una persona que se obsesiona y se la pasa posteando fotos de su pareja, declaraciones de amor en su propio muro y en el de su pareja, podría estar indicando que no se siente seguro de la relación. El exceso de posteos relacionados a su pareja sería una forma de asegurar a través de la aparición redes sociales, el compromiso de la relación.

Por último, y quizás como un intento de superar los conflictos que las publicaciones en redes trae, tenemos la  última tendencia de los enamorados online: crear una cuenta de la pareja.

Muchas parejas están tomando esta alternativa: tener una cuenta para la pareja o para la familia. Para ellos compartir la cuenta de Instagram o de Facebook les simplifica la vida. Todo lo que viven se hace visible, comparten contenidos, amigos y seguidores, y se acaba la pelea sobre cuánto publica uno del otro.

Las redes sociales por sí solas no pueden arruinar una relación. Pero sin duda han marcado un giro en los modos en los que funciona el amor.
 

¿Cómo ponerse a salvo de lo negativo?

En la vida cotidiana nos encontramos más de una vez con situaciones o con personas que nos quitan energía. Personas o situaciones que, por sus características, nos comunican un estado de malestar y de negatividad. Sentimos que nos apagamos, que quedamos sin luz, cansados y sin ganas de nada.

A veces se trata de situaciones inesperadas en las que nos vemos involucrados, una pelea entre conocidos, una fea situación callejera, un problema laboral, etc. Algo que pasa de pronto y nos ensombrece.

A veces son personas que, sin quererlo, nos provocan un efecto de vaciamiento. Después de estar con ellos quedamos como vacíos. Sin fuerzas. Sin ganas. Como entristecidos. Nos comunican un estado de malestar. Suelen ser personas que se quejan de todo y ven todo como una tragedia. En general sólo hablan de cosas horribles que pasan o que imaginan que pueden pasar. Y así quedamos. Teñidos de una oscuridad que no nos pertenece, pero que nos apaga y nos hace ver las cosas negras.

Somos seres conectados, y como tal, nos vemos afectados por lo que ocurre a nuestro alrededor. Es inevitable que las situaciones y las personas nos contaminen con su energía y con sus estados de ánimo. Somos permeables a las diversas influencias que vamos atravesando durante el día. Pero eso no significa que tengamos que quedar pasivamente afectados. Está en nosotros la capacidad de volver a conectar con las emociones y sentimientos positivos que nos habitan.

Se trata de no dejarse llevar por la perspectiva  pesimista y de recargar pilas si algo de lo que vivimos nos ha vaciado. ¿Cómo hacerlo?

4 herramientas para no contaminarse con lo negativo
• No dejarse atrapar por lo negativo
Las personas que nos desaniman suelen tener una mirada negativa. Sus temas de conversación pueden ir de una enfermedad a la situación terrible que se vive en cierta parte del mundo. Siempre tienen algo espantoso para contar. Hablan de lo difícil que es todo. Lo horrible que es el trabajo que tienen, las injusticias, o las malas noticias son sus temas preferidos.

Y así, con su charla, nos van contagiando de esa mirada oscura y sin esperanza. Nos llenan de desaliento. Puede ser que empecemos a no ver más que la dificultad, los problemas, el sufrimiento. Quedamos impregnados emocionalmente por una visión negativa que no es la nuestra.

Así, es importante darse cuenta de lo que nos está pasando. Y despejar el asunto: “esa mirada oscura no es la mía, es la del otro”. Hay que volver a la propia mirada. Reconectar con lo que uno piensa y con las propias esperanzas.

• Confiar en uno mismo
Confiar en uno mismo es otra herramienta importante. La gente que no se deja afectar por el negativismo ajeno, es porque tienen la confianza suficiente en sí mismos como para no dejarse arrastrar en la corriente de pensamiento o conducta de otros. Estar seguro de lo que uno piensa y siente será un muro de contención que impedirá que el aluvión de negatividad nos arrase.

• Hacer algo que nos haga sentir bien
Hacer algo que nos gusta siempre es reconfortante. Después de un día oscuro, o de una experiencia emocionalmente extenuante es bueno recurrir a algo que te ofrezca una vivencia de bienestar auténtica.

Darse un gusto, encontrarse con alguien que nos hace bien, salir a caminar, conectar con la naturaleza, escuchar una música que nos den ganas de bailar, son actividades que pueden ayudar a salir de la negatividad.

Muchas veces al estar atrapados en la oscuridad no tenemos ganas ni de hacer algo que nos gusta. Por eso es importante hacer el esfuerzo, para romper con el “embrujo” de lo negativo. Aun sin ganas ponga una buena música y baile, o calce sus zapatillas y salga a correr por la naturaleza. Busque algo que le devuelva la energía, el buen humor y la alegría.

• Volver a lo propio
Después estar rodeados de personas que fomentan el malestar o en ambientes emocionalmente negativos solemos quedar afuera de nuestro propio eje.  Podemos sentir que perdimos el propio GPS y que ya ni sabemos dónde estamos parados. 

Por eso, lo fundamental es volver a entrar en contacto con uno mismo. Recupera la conciencia de quién uno es. Volver a lo propio. A la propia forma de vivir y de pensar. Conectar con las propias emociones, para, poco a poco, deshacernos de la oscuridad ajena.

Vida en pareja

Son muchos los problemas y conflictos que afectan a las parejas. La convivencia es un arte complejo y en la vida de todos los días se suelen generar malos entendidos, malestar y disconformidades que van desgastando la relación.

Sabemos que con el amor no basta y que una relación de pareja necesita mucho más que el mero sentimiento para funcionar en el largo plazo.  Es necesario llegar a acuerdos y establecer una profunda comunicación para superar los conflictos que suelen ir apareciendo en el trato diario.

Muchos de esos conflictos tienen que ver con un choque de personalidades, otros con la visión del mundo diferente o los valores que tiene cada uno, otros con los roles que cada quien asumió en la pareja, otros con la forma en que cada uno lidia con el estrés y los problemas diarios, muchos con temas emocionales y sentimentales. Y así la lista podría seguir.

La cuestión es cómo manejar todas estas diferencias y hacer que la relación funcione y crezca.

Lo que se suele hacer ante las diferencias y ante lo que no funciona es quejarse. Los miembros de la pareja se quejan uno del otro. Se quejan entre ellos, o se quejan del otro con sus amigos y familiares. Es decir, están inconformes con lo que reciben.

Toda queja es un intento de hacer que la relación funcione y mejore. Pero es un intento que fracasa. Y en general empeora la situación.  Quejarse no sirve. Lo que sirve es entender dónde está el problema y buscar soluciones.

Las quejas más comunes de las parejas son: sentirse vigilado y controlado en las acciones diarias, sentirse rechazado, sentirse descuidado, no sentirse apreciado.

• Sentirse vigilado y controlado en las acciones diarias: esto ocurre cuando uno de los dos no confía en el modo en el que el otro hace las cosas. Por lo tanto o no delega o si delega no se queda tranquilo y supervisa todo lo que debería hacer el otro. Puede ocurrir tanto en las tareas domésticas como limpiar, cocinar, hacer las compras, o sobre temas como administrar el dinero y educar a los hijos.

Uno de los miembros de la pareja funciona como si el otro fuera un inútil al que no se le puede confiar nada. Es decir, lo trata como si fuera un niño que necesita ser controlado, pues sino hará todo mal.

¿Solución? Aprender a delegar, a confiar y poder aceptar que el otro tiene su modo de hacer las cosas y tiene derecho a hacerlas a su modo, sin que eso signifique ser criticado y entrar en un conflicto.

• Sentirse rechazado: eso suele ocurrir cuando hay falta de comunicación y de intimidad. La pareja no encuentra el modo de acercarse entre sí. Normalmente uno adquiere el rol de acercarse y el otro de rechazar. Pero estos roles pueden intercambiarse. Puede ocurrir que algunos días se acerque uno y el otro rechace o viceversa.

Por supuesto esto afecta especialmente a la vida sexual de la pareja. Va poniendo un muro entre ambos que los aleja cada vez más. Se trata de un problema de entendimiento y también de encontrar los tiempos adecuados para acercarse. Las presiones diarias, el cansancio, el estrés, el aburrimiento, la falta de comunicación, suelen ser los causantes de este problema.

¿Solución? Acordar y buscar momentos de intimidad para conversar, para acercarse, para el erotismo y la sexualidad. Encontrar y proponer momentos en los que los dos estén dispuestos y relajados para generar un encuentro de intimidad.

•Sentirse descuidado: acá entramos en el mundo de los detalles. Sentirse rechazado puede combinarse fácilmente con el sentimiento de sentirse descuidado. Conductas como mostrar falta de interés por lo que el otro hace,  falta de tiempo para la pareja, olvidos, no prestar atención a los detalles, olvidar fechas importantes para ambos, son algunos de los ingredientes que hacen que el otro se sienta descuidado.

La vida en común está hecha de una infinidad de detalles, desde prepararle algo especial para el desayuno, decirle palabras bonitas, saber cuál es su perfume o su color preferido, hasta recordar fechas importantes para el otro. Son esos detalles los que hacen que el otro se sienta cuidado y tenido en cuenta.

¿Solución? No dejar que el bosque impida ver el árbol. Volver a lo mínimo. A los momentos del día a día que hacen la diferencia.

• No sentirse valorado: esto se da cuando uno de los miembros no valora las acciones del otro. Las da por sentado, supone que así deben ser y no hay por qué agradecerlas ni valorarlos. Le parecen naturales y deja de apreciar todo el esfuerzo y dedicación que el otro pone para que la vida de ambos sea mejor. La costumbre, la rutina, el estar demasiado abrumado por cuestiones de la vida es lo que hace que de deje de ver lo maravilloso y genial del otro. La persona que hemos elegido sigue estando allí, dándonos su amor y su dedicación a su modo y seguramente sigue dando motivos para estar orgulloso de ella.

¿Solución? Abrir los ojos y el corazón. Ver y apreciar lo que el otro hace. Desde las acciones cotidianas hasta los grandes desempeños deberían ser valorados. 

Una cuestión de actitud

Mucho se habla de la forma en la que nos relacionamos con los demás. Es sabido que gran parte del sufrimiento humano está originado en los vínculos con los otros. El amor. El afecto. El miedo al abandono. La necesidad. Querer y ser querido. Sentirse solo, aislado. Sentirse incomprendido, ser incapaz de comprender. Comunicarse. Entenderse. El poder. Dominar o ser dominado. Un mundo de dificultades se abre a la hora de establecer  vínculos y más de una vez uno sale lastimado. ¿Qué hacer?

La verdad es que mantener una buena relación con los demás es un desafío. Y mucho más cuando está en juego el amor.

Uno de los problemas que suelen aparecer con frecuencia en los vínculos son las relaciones tóxicas. Es decir, las relaciones que generan al mismo tiempo dependencia y dolor. Una relación tóxica es aquella que hace daño, pero de la que cuesta desprenderse.

Según los especialistas, aprender a relacionarse con los demás de una manera sana y constructiva es una cuestión de actitud. Es posible modelar nuestras actitudes para conseguir relaciones de mayor armonía y bienestar.

Las relaciones tóxicas se dan en todos los ámbitos de la vida y pueden complicarnos tanto la vida personal como la laboral. Es importante aprender a distinguir las actitudes propias y ajenas que propician una relación tóxica para poder prevenirla y corregirla.

Relaciones tóxicas en lo personal
Algunos especialistas han elaborado una pequeña lista de consejos a seguir para evitar relaciones tóxicas en el ámbito personal:
1. Ser independiente
Según estos especialistas, una persona independiente tiene menos posibilidades de caer en una relación tóxica que una persona con una personalidad dependiente.

2. Tener personalidad propia
Respetar el propio estilo, saber lo que nos gusta y tener los propios puntos de vista.

3. Tener claridad emocional y de pensamiento
Expresar con claridad lo que pensamos y sentimos también permite que nuestras relaciones sean más sanas. La comunicación clara es clave en cualquier encuentro.

4. Estar abierto a los demás
Poder escuchar al otro sin prejuicios permite establecer un vínculo auténtico y real.

5. Tener una actitud amable y positiva
Reír, sonreír, poder adaptarse, hacer planes sin complicar demasiado las cosas, también ayuda a que las cosas fluyan y sean espontáneas.

Las relaciones toxicas en el trabajo
Las relaciones toxicas se dan también en el mundo laboral. Y suelen ser muy estresantes y dolorosas, ya que gran parte de la vida de una persona transcurre en su trabajo.

La psicóloga Heidi Grant ha publicado en Harvard Business Review, un artículo en el que detalla 3 signos que podrían indicar que  usted puede ser un compañero de trabajo tóxico. ¿Cuáles son esos signos?

Según esta experta se trata de lo siguiente:
1.  Parecer frío y actuar con soberbia
Cuando se es cálido, la tendencia a decir a las personas qué hacer se ve más como una ayuda. Afirma la experta Heidi Grant: “El problema es que la mayoría de las personas, especialmente en entornos de trabajo, ven que causar una buena impresión en sus colegas es, ante todo, competencia. En su afán por demostrar sus habilidades y talentos, olvidan proyectar calidez”.

Según esta autora la solución para esta actitud tóxica sería: “hacer un intento consciente por prestar atención a otras personas. Haga contacto visual y sosténgalo, tanto cuando está hablando como escuchando”.

2. Parecer y actuar como un egoísta
La solución a esta actitud tóxica según la experta Heidi Grant sería: “Para asegurarse de no caer en esta categoría tóxica en particular, tómese el tiempo para ponerse mentalmente en los zapatos de sus colegas con regularidad para captar su perspectiva. Sea curioso y haga preguntas para obtener más información sobre los compañeros de trabajo que no conoce bien. Y lo más importante, muestre empatía. Hágales saber que los respeta y los valora lo suficiente como para tratar de ver las cosas a través de sus ojos”.

3. Parecer y actuar como un “sabelotodo”
En varias investigaciones se ha demostrado que los compañeros de trabajo tóxicos suelen tener excesiva confianza en sí mismos, considerándose superiores y mejores que sus colegas. Son muy estrictos y creen que solo ellos saben el modo correcto de hacer las cosas. Se apegan a las reglas que ellos mismos imponen.

¿La solución? Para cambiar esta actitud tóxica, la experta aconseja ser más flexible y valorar más el trabajo en equipo.

Las pesadillas en la infancia

Todos tenemos pesadillas de vez en cuando. Según explica la revista Psychology Today, “las pesadillas son sueños largos y elaborados con imágenes que evocan miedo, ansiedad o tristeza. El soñador puede despertarse para evitar el peligro percibido. Las pesadillas se pueden recordar al despertar y pueden ocasionar dificultades para volver a dormir o incluso causar angustia durante el día. Las pesadillas aisladas son normales, pero cuando los sueños que provocan terror extremo o ansiedad recurren con frecuencia pueden convertirse en un trastorno del sueño debilitante”.

Las pesadillas suelen aparecer hacia el final de la noche, en la etapa de sueño REM (siglas de Rapid Eye Movement en inglés, Movimiento Rápido del ojo en español), en la segunda mitad del sueño nocturno.

La cuestión es que no sólo los adultos tenemos pesadillas. En la infancia también es muy común tener pesadillas, especialmente entre los 3 y 6 años, que es la edad en la que suelen  aparecer los miedos infantiles.

¿Cuántas veces los niños se despiertan angustiados y llorando en medio de la noche? ¿Cuántas veces buscan protección pasándose a la cama de los padres? ¿Cuántas veces no quieren irse a dormir por miedo a tener un mal sueño? En muchos casos se trata de terroríficas pesadillas que despiertan al niño en la mitad de la noche y el pequeño no sabe qué hacer ni cómo entender eso que le pasa.  Se dice que entre los 5 y 10 años solemos tener pesadillas lo suficientemente vívidas como para ser recordadas muchos años después.

Ante esta situación es necesario que los padres sepan cómo ayudar a disminuir la presencia de pesadillas, y cómo calmar y contener al niño después de una pesadilla para que el pequeño pueda volver a conciliar el sueño.

Consejos para ayudar a evitar pesadillas
Ante todo, es importante saber que no es posible eliminar de manera total las pesadillas de los niños. Pero sí es posible tener en cuenta algunos consejos que ayudaran la reducción de las mismas.

Los padres pueden contribuir a que sus hijos tengan un sueño apacible si siguen estas recomendaciones:

  • Fijar una hora para acostarse.
  • Seguir una rutina cuando llega la hora acostarse. Esta rutina podría incluir bañarse, recibir mimos, leer y hablar sobre las cosas agradables que han pasado durante el día.
  • Cenar temprano y liviano, y evitar alimentos estimulantes.
  • Asegurarse de que la habitación del niño tenga una temperatura adecuada.
  • Que la habitación del niño sea un lugar acogedor, donde pueda sentirse relajado.
  • Puede ayudarles al ir a dormir tener algo, como su juguete favorito, que los tranquilice. En este sentido es aconsejable buscar un objeto que les dé seguridad al dormir. Un osito, una sábana, una almohada, un peluche, etc.
  • Evitar las pantallas al menos 2 horas antes de dormir.
  • Controlar lo que ven o con lo que juegan, con el fin de evitar el estrés o ansiedad.
  • Evitar que vean antes de dormir películas, programas de televisión, juegos, o cuentos que les den miedo.
  • Recuerde que si los niños se van a dormir estresados, es más probable que tengan pesadillas.

Qué hacer cuando su hijo tiene una pesadilla

  • Tranquilice al menor haciéndole sentir que usted está allí. Su presencia, si usted transmite tranquilidad, ayuda al pequeño a sentirse seguro. Saber que usted está allí  refuerza su sentimiento de seguridad.
  • Explíquele lo que ha ocurrido. Tranquilice a su hijo explicándole que lo que ocurría en la pesadilla no sucede en el mundo real. Es importante que el niño aprenda a diferenciar lo que ocurre en el sueño del mundo real.
  • Ofrézcale comprensión. Sentirse comprendido lo va a ayudar a calmarse. Explíquele que todos soñamos y que a veces los sueños nos asustan porque pueden parecer reales, por lo que es natural sentir miedo.
  • Deje una luz encendida. Una luz tenue puede ayudar a que los niños se sientan seguros y podría ser un buen instrumento para hacer que desaparezcan las pesadillas.
  • Ayude a su hijo a volver a dormirse. Para que pueda conciliar el sueño de nuevo, pueden hablar un rato y mimarlo hasta que se duerma.
  • No lo ridiculice. Las pesadillas generan mucho malestar y angustia. En ningún caso se debe maltratar al niño por tenerlas y por despertar a los padres en busca de ayuda.
  • Ayude a su hijo para que se sienta tranquilo, seguro y protegido, y así pueda volver a dormirse.

La mayoría de los niños tienen pesadillas de vez en cuando. Es algo normal que no debe preocupar. Pero si las pesadillas son muy frecuentes e impiden que el niño duerma lo suficiente o si están acompañadas de otros problemas emocionales, es conveniente consultar al pediatra.