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De Margarita

Mi amiga, la escritora ecuatoriana Margarita Dager-Uscocovich quedó consternada al ver las imágenes de los matones de Nicolás Maduro reprimiendo a la oposición venezolana, en estas semanas de dolor. Decidió escribir un extenso artículo sobre la situación del hermano país, que tituló; “Tengo la obligación de ser una Voz”.

Me comprometí publicar apartes de su exposición aquí en la Bitácora. A continuación, las porciones del escrito de Margarita:

Es muy grave la situación que vive Venezuela, son 19 años de dictadura que en un principio se proclamó como democracia aunque con el paso del tiempo ha ido mermando las libertades de un pueblo en el que hay dos bandos, los que siguen la idiosincrasia del equivocado populismo que no es en sí una ideología política sino una estrategia oscura para que una parte de pueblo pobre y sin recursos sea atraída con discursos en ara de un bienestar mejor culpando siempre a los que tienen más.

Todos somos responsables de esta masacre sin nombre contra el pueblo de Bolívar que solo pide que se le permita vivir en paz y que esta paz, llegue a través de la libertad de poder volver a elegir un gobierno que les permita vivir un cambio, respirar un cambio, salvar a sus enfermos y alimentar a sus hijos. Somos responsables porque no somos bramido en conjunto sino que nos damos a la tarea de ser un aullido escaso y de momento en lugar de ser constante y unitario en nuestra América del alma. El caso de Venezuela es un caso extremadamente duro de asimilar para mí en lo particular, porque en un país donde se ha llegado al extremo de hacer burla de lo único que le queda al ser humano que es su dignidad, ¿Qué más atropellos se cometerán en nombre del socialismo?

Cuando escucho a los venezolanos en el exilio, a mis amigos, a sus madres, a sus hermanos y familiares preguntarse, ¿que nos queda? con los ojos aguados, el corazón se me resquebraja y el sueño se me evapora entre pensamientos y razonamientos como estos, ¿de qué estamos hechos? Y, vuelvo a preguntarme sentada a media luz como hermana de un pueblo al que vi en todo su esplendor, ¿dónde están los organismos internacionales?, ¿dónde están las potencias que conforman estos organismos, que son justamente para salvaguardar la integridad y seguridad de un pueblo que se ha visto oprimido hasta hacer lo que les dé la gana con los habitantes de un país y con sus instituciones?, ¿hasta dónde tiene que llegar la matanza del pueblo de Venezuela donde el patrón de un régimen esencialmente explotador y violador de derechos civiles y políticos se va extendiendo como una enfermedad mortal. No seamos cómplices de un espectáculo terrorífico en donde la destrucción de una nación tiene actores impasibles que observan desde el otro lado los abusos del régimen que está en el poder. Lo único que no nos pueden robar es la voluntad.