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Textear

Cuando era niño todavía funcionaban los telegramas, esos mensajes arquetipos de twitter que se pagaban por el número de letras.

De ese sistema, para la práctica, solo quedan los titulares de algunos noticieros de televisión y radio colombianos y peruanos en los que se comen los artículos y las preposiciones.

La verdad fueron pocos esos telegramas que envié en mi adolescencia temprana, tiempo en el que todavía estaban vigentes,

Mi vida se desenvolvió primariamente mediante la comunicación verbal, desde que un aparato negro, con marcación de disco, entró en la casona de Paipa, a finales de los cincuenta.

Hablar para mi es la forma lógica de comunicación, porque el intercambio se da con “la entonación y el timbre” de voz adecuado, mediante el cual se hallan la alegría y la ira.

En pocos segundos se puede dar una explicación sin que haya dudas.

Por eso “detexto” los mensajes de texto.

Más cuando las nuevas tecnologías interpretan lo que uno está diciendo y le cambia las letras.

El otro día le estaba diciendo a la maravillosa paraguaya Myrian Abril, que un evento en el que participamos había sido “agradable”. Y mi celular amablemente insultante escribió que había sido “agotable”.

Un portal de ciencia preguntó hace unos años:

¿Están los mensajes de texto acabando con la comunicación verbal?

Y las respuestas fueron variadas:

  • ¿Están los mensajes de texto acabando con la forma adecuada y correcta de escribir?
  • La pereza de escribir por comunicar más, se traduce en abreviar más, eliminando ortografía y complementando con números y símbolos los mensajes que se quieren expresar, truncando ideas y expresiones, con afán de ahorrar tiempo. Dejando al receptor a merced de su habilidad interpretativa y reconstructiva del mensaje.
  • Estamos perdiendo la habilidad de expresar en papel nuestros conocimientos en base a un lenguaje codificado por uno más abstracto.
  • Con lo que están acabando es con la ortografía.
  • Hoy en día los jóvenes utilizan un término medio de 300 palabras para comunicarse, sin embargo, envían como 10 millones de mensajes de texto por día. Me recuerda mucho a esta frase: “La pobreza del lenguaje, el límite de tu mundo”
  • Los mensajes de texto van lentamente sustituyendo a la comunicación verbal.

Aunque he me ha dado por textear dada la presión de los nuevos interlocutores mudos, pero rápidos de dedos, me preocupan los malentendidos que he tenido por culpa de esa práctica, de los mensajes de texto.

Me ha pasado más de un vez que he dejado de hablar, roto relaciones, con gente que apreciaba por culpa de los mensajes de texto.

Aunque admito que la tendencia de textear es abrumadoramente popular, no dejo de percibir el texteo como una forma de comunicación anómala, excluyente y egoísta. ¡Nada como una llamadita por teléfono!

 

Rafael Prieto Zartha
Director Editorial
Qué Pasa-Mi Gente