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Un debate bobo

Hace por lo menos 25 años que el director de El Diario-La Prensa de Nueva York, Fernando Moreno, sacó una revista llamada “Aquí”, que aspiraba a convertirse en la “Playboy” de la comunidad hispanohablante de Estados Unidos.

Había conseguido columnistas de diferentes lugares del país y me contactó para que yo lo hiciera desde Los Ángeles.

Mi amigo Miguel Pérez, entonces columnista del Daily News de Nueva York, también decidió colaborarle.

En alguna de las primeras ediciones acordamos con Miguel un duelo sobre ese debate que tal vez fue importante en otra época pero que hoy me resulta trasnochado.

¿Qué somos hispanos o latinos?
Miguel, nacido en Cuba, criado en Miami, y radicado en Nueva York, apostó por latino.

Yo, nacido en Colombia y con experiencia de vivir en Los Angeles y Nueva York, defendí en concepto de hispano.

Las explicaciones fueron las mismas de ahora, con el contexto político de una época en que las tres nacionalidades de habla hispana tenían diferencias mucho más grandes que las de ahora.

Los mexicanos de Los Ángeles preferían latino, como revancha a la conquista española.

Los puertorriqueños de Nueva York, que eran contestatarios y tenían influencia del partido nacionalista de los Young Lords, que le apuntaban a la solidaridad latinoamericana, optaban por latino.

Los cubanos de Miami, que por todos los lados tenían sangre española reciente se inclinaban por hispano.

Con el tiempo vine a entender que la mejor solución la había dado la Oficina del Censo de Estados Unidos, que le dio a los dos términos el mismo valor.

Y para los que nos dedicamos al periodismo resultó perfecto porque podemos intercalar los dos vocablos como sinónimos.

Por cierto, me encontré con un titular de una nota de Efe que combina las dos palabras a la perfección: “Rubio y Cruz, dos hispanos sin el apoyo latino para llegar a la Casa Blanca”.

Así, que el debate sobre ¿qué somos? la una cosa o la otra queda eunuco porque somos ambas cosas. Ahora, lo que está mal es que se inventen cosas que no son.

En la exposición NuevoLution se dijo que los términos hispano y latino fueron inventados por el Censo de Estados Unidos en los setenta.

Si se revisara la historia, fue un mexicoamericano el que ideó la primera semana de la herencia hispana.

Este fue el congresista Edward Roybal, que se la hizo proclamar al presidente Lyndon Johnson en 1968, hace la bobada de 49 años, casi medio siglo.

Con lo que no estoy de acuerdo es en revivir nuestra designación con palabras largas, imposibles de ubicar en titulares de periódico o créditos de televisión como: latinoamericano o hispanoamericano.

Menos me cuadra el invento de la Academia Norteamericana de la Lengua: hispanounidense, que suena más a un producto de química que a una definición clara, corta, sencilla y directa de algo.

El manual de la agencia UPI, que elaboró Abel Dimant, en 1981, hace 36 años, traía una entrada para hispano: “Debido a su extendido uso, se usará hispano como adjetivo y sustantivo para designar a los residentes de origen y habla hispana en Estados Unidos”.

Por las dudas, el Diccionario de la Real Academia Española, incluye estas dos acepciones para hispano:

  1. adj Dicho de una persona: Que es de origen hispanoamericano y vive en los Estados Unidos de América. U. t. c. s.
  2. adj. Perteneciente o relativo a los hispanos de los Estados Unidos de América.

Sobre latino, el Libro de Estilo de Los Ángeles Times, dice:

Latino es el término general para personas en los Estados Unidos de ascendencia latinoamericana. Se refiere a los mexicanos, puertorriqueños, cubanos y otros de las tierras o las culturas de América Latina de habla española.

Nací en Latinoamérica y hablo español, así que me sirven ambas. Eso sí, no soy de Lacio ni tampoco de Hispania.